Es una buena pregunta. ¿Cuál sería su respuesta? Si no está seguro, esperamos que este breve artículo le ayude a entender la participación momento a momento del Señor Jesús viviente en su vida, al punto de que usted capte la realidad de su presencia y sea energizado por ella.
Es triste decirlo, pero a muchísimos cristianos nunca se les enseñó lo que Jesucristo está haciendo hoy, y cada día subsiguiente desde que se convirtió en el “Señor” y la “Cabeza” de la Iglesia, que está compuesta por los miembros de su Cuerpo. Todos saben que él murió por nosotros, fue levantado de los muertos, ascendió al cielo y está ahora “sentado” a la derecha de Dios. ¿Pero eso significa que “no esta haciendo nada”? De ninguna manera. Está aún más ocupado que cuando vivía en la tierra, y Marcos 5, por ejemplo, es un gran capítulo para ilustrar qué clase de días él tenía por entonces. ¡Vaya!
Jesús estudió las Escrituras hebreas y entendió todas las profecías acerca de su vida, muerte, resurrección, ascensión, y futuro reinado del mundo. Cumplió todas aquellas profecías referentes a su primera venida a la Tierra siendo obediente hasta su tortuosa muerte en la cruz. Debido a su obediencia a su Dios y Padre, Jesús fue grandemente exaltado como Señor del Cielo y de la Tierra, y se sentó a la derecha de Dios (Fil. 2:8-11).
En tiempos bíblicos la mano derecha era la mano de la bendición, autoridad, y poder, contrariamente a la izquierda que era la mano de la maldición. De aquí surge la calificación de “mano derecha” que en la actualidad usamos para describir al hombre que no descansa sino que con gran vigor lleva a cabo las órdenes de aquel a quien sirve. Esta relación está tipificada en el relato del Antiguo Testamento acerca de José y el faraón egipcio.
Debido a lo que José hizo para salvar al pueblo de Egipto, el Faraón le dio toda autoridad en la tierra de Egipto. Como José dijo: “Dios me ha hecho señor de todo Egipto” (Gen. 45:9). El Faraón le dio a José su anillo de sello (que simbolizaba su absoluto poder y autoridad en Egipto) y lo hizo subir en su segundo carro como su segundo-en-jefe. El Faraón le dijo a José: “Yo soy el faraón, pero nadie en todo Egipto podrá hacer nada sin tu permiso.” (Gen. 41:44). El Faraón seguía siendo el Faraón, pero le había dado toda autoridad a José y lo equipó completamente con el poder necesario para llevar a cabo su trabajo, igualando funcionalmente de este modo a José con él.
Dios ha hecho lo mismo con Jesucristo. Le dio a Jesús “toda autoridad en el cielo y en la tierra” (Mat. 28:18) y lo hizo “Señor” (Hechos 2:36). Dios sigue siendo Dios, pero Jesús es ahora funcionalmente igual a Él, y esa fue la idea de Dios. Jesús tiene ahora todo lo que él necesita para llevar a cabo su función como el segundo-en-jefe, la mano derecha de Dios.
¿Entonces qué está haciendo el Señor Jesucristo ahora?. Echemos un vistazo. ¿Dónde? No en la revistas People, o Sports Illustrated. Queremos saber qué dice la Palabra de Dios.
Jesucristo es ahora la Cabeza de la Iglesia.
Efesios 1:20-23 (20) que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, (21) muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero. (22) Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. (23) Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.
Como la “Cabeza” de su “Cuerpo”, Jesús está constantemente conectado a cada una de las partes de su cuerpo, es decir, usted y yo. Así podemos tener comunicación continua con él. Y esto nos es de gran ayuda en nuestro andar en este mundo caído. Jesús es el único ser humano que se encomendó perfectamente a Dios a pesar de todas las tentaciones que sufrió, y está listo, deseoso y capaz de ser el mentor en cada uno de nosotros en el arte de la fe y ayudarnos a maximizar nuestro potencial espiritual único. Nosotros lo “re-presentamos” en el mundo de hoy, y él nos ayudará a ser lo mejor de nosotros mismos para él.
Como nuestra Cabeza, el Señor Jesús es nuestro líder, nuestro ejemplo, y el capitán de nuestra salvación. Es también nuestro Comandante en Jefe, que nos guía en la batalla.
Jesucristo está edificando su Iglesia derramando el don de espíritu santo a todos aquellos que creen.
Es la cabeza la que regula el proceso de crecimiento del cuerpo, y es el Señor Jesús quien está añadiendo a su cuerpo al salvar a aquellos que invocan su nombre.
Hechos 2:46 y 47 (46) No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, (47) alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos.
Hechos 2:32 y 33 (32) A este Jesús, Dios lo resucitó, y de ello todos nosotros somos testigos. (33) Exaltado por el poder de Dios, y habiendo recibido del Padre el Espíritu Santo prometido, ha derramado esto que ustedes ahora ven y oyen.
Jesucristo está intercediendo por nosotros como mediador.
Hebreos 7:24 y 25 (24) Pero como Jesús permanece para siempre, su sacerdocio es imperecedero. (25) Por eso también puede salvar por completo a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder [entugchano] por ellos.
Romanos 8:34
¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede [entugchano] por nosotros.
Entugchano significa “hacer intercesión” u “orar”. Qué verdad tan reconfortante es ésta. Aún si nadie en el planeta se acuerda de usted, Jesucristo sí lo hace, y está orando por usted. Según 1Timoteo 2:5, el Señor Jesús es “El Hombre”, el mediador haciendo intercesión (consultando y hablando) a Dios en nuestro nombre.
Jesucristo oye nuestras plegarias y nos responde.
Proverbios 18:24 habla de “un amigo que es más fiel que un hermano”, y Jesucristo está “pegado a usted”. Él es un gran hermano y un amigo para cada uno de nosotros. Él es nuestro confidente, el que entiende todas nuestras flaquezas y que “se compadece de nuestras debilidades” (He. 4:15). Podemos abrirle nuestro corazón en cualquier momento y saber que él se identifica completamente con nosotros y está allí para confortarnos y darnos fuerzas.
Hechos 1:23-26 (23) Así que propusieron a dos: a José, llamado Barsabás, apodado el Justo, y a Matías. (24) Y oraron así: "Señor, tú que conoces el corazón de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido (25) para que se haga cargo del servicio apostólico que Judas dejó para irse al lugar que le correspondía." (26) Luego echaron suertes y la elección recayó en Matías; así que él fue reconocido junto con los once apóstoles.
Hechos 7:59 y 60 (59) Mientras lo apedreaban, Esteban oraba. --Señor Jesús --decía--, recibe mi espíritu. (60) Luego cayó de rodillas y gritó: --¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado! Cuando hubo dicho esto, murió.
2 Corintios 12:8 y 9 (8) Tres veces le rogué al Señor que me la quitara [el “aguijón en su carne” – aquellos que lo perseguían]; (9) pero él me dijo: "Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad." Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo.
Jesucristo está dando gracia a todos los creyentes
Efesios 4:7
Pero a cada uno de nosotros se nos ha dado gracia en la medida en que Cristo
ha repartido los dones.
Se ha dicho que la gracia es “esa condición que nos permite ir más lejos de lo que pensamos que era posible”. El Señor Jesús ha equipado a cada miembro de su Cuerpo con todo lo que necesitamos para servirlo en este mundo de almas necesitadas.
Jesucristo está fortaleciendo y protegiendo a su pueblo.
Satanás, el Adversario del Señor, y el suyo, lo quiere a usted fuera de servicio. El Diablo y su ejército de espíritus malignos tienen una misión triple: “robar, matar y destruir” (Juan 10:10). Frente a tal poderoso enemigo sobrenatural, necesitamos un amigo sobrenatural más poderoso. ¡Qué amigo tenemos en Jesús!
2 Tesalonicenses 3:3
Pero el Señor es fiel, y él los fortalecerá y los protegerá del maligno.
Filipenses 4:13
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Jesucristo está dando revelación a los miembros de su Cuerpo.
El libro entero de Apocalipsis es Dios dando a Jesucristo revelación que él a su vez le dio al Apóstol Juan (Ap. 1:1-2). El Señor le habla a su pueblo toda vez que necesitamos oírlo, y que estamos escuchando. Necesitamos absolutamente su guía y dirección para ordenar nuestros particulares caminos de rectitud en este mundo pecaminoso.
Gálatas 1:11 y 12 (11) Quiero que sepan, hermanos, que el evangelio que yo predico no es invención humana. (12) No lo recibí ni lo aprendí de ningún ser humano, sino que me llegó por revelación de Jesucristo.
Jesucristo está dando ministerios a los cristianos.
Bíblicamente, “ministerios” son formas de servicio. Aquellos mencionados en los siguientes versículos son específicamente funciones de liderazgo. Es significativo que Jesús fue el Apóstol, el Profeta, el Evangelista, el Pastor, y el Maestro, y que, como la Cabeza del Cuerpo, ahora se está “diversificando a sí mismo” para permitir a algunos de sus seguidores servir en estas facultades.
Efesios 4:11-13 (11) Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros, (12) a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo. (13) De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo.
El Señor también equipa a los miembros de su cuerpo con otras funciones, como lo demuestran los siguientes versículos.
Romanos 12:4-8 (4) Pues así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función, (5) también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás. (6) Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe; (7) si es el de prestar un servicio, que lo preste; si es el de enseñar, que enseñe; (8) si es el de animar a otros, que los anime; si es el de socorrer a los necesitados, que dé con generosidad; si es el de dirigir, que dirija con esmero; si es el de mostrar compasión, que lo haga con alegría.
Jesucristo es el Comandante de los ángeles.
El mundo es una zona de guerra, y la batalla se está peleando principalmente en el reino espiritual. El Diablo tiene su ejército de espíritus malignos, y el Señor Jesús está a cargo del ejército de los ángeles de Dios. El trabajo primario de estos ángeles es servir al pueblo de Dios.
Hebreos 1:4 y 5 (4) Así llegó a ser superior a los ángeles en la misma medida en que el nombre que ha heredado supera en excelencia al de ellos. (5) Porque, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: "Tú eres mi hijo; hoy mismo te he engendrado"; "Yo seré su Padre, y él será mi Hijo"?
2 Tesalonicenses 1:6 y 7 (6) Dios, que es justo, pagará con sufrimiento a quienes los hacen sufrir a ustedes. (7) Y a ustedes que sufren, les dará descanso, lo mismo que a nosotros. Esto sucederá cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo entre llamas de fuego, con sus poderosos ángeles,
Jesucristo está esperando con mucha expectativa la resurrección de todos los cristianos muertos, para darles a ellos y a todos los cristianos vivos nuevos cuerpos cuando nos encontremos con él en el aire.
Es el Señor Jesús quien levantará a todos los muertos y quien juzgará a todos los creyentes de todos los tiempos (Juan 5:21-23), comenzando con todos los cristianos al final de la Administración de la Iglesia cuando nos reúna a todos juntos para encontrarnos con él en el aire.
Filipenses 3:20 y 21 (20) En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo. (21) Él transformará nuestro cuerpo miserable para que sea como su cuerpo glorioso, mediante el poder con que somete a sí mismo todas las cosas.
1 Tesalonicenses 4:15-18 (15) Conforme a lo dicho por el Señor, afirmamos que nosotros, los que estemos vivos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, de ninguna manera nos adelantaremos a los que hayan muerto. (16) El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. (17) Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre. (18) Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras.
Hoy, y todos los días hasta que él venga por nosotros, el Señor Jesucristo “está vivo y bien”. Somos nosotros quienes somos colaboradores con él, y él nos necesita, como miembros de su cuerpo, para caminar en sincronía con su liderazgo y señorío. En la medida en que lo hagamos, él será una fuerza activa y poderosa en nuestras vidas, y así podrá darse a conocer al mundo. Tomemos su mano y caminemos con él.