Es difÃcil imaginar que Jesús pudiera tener un mal dÃa ¿verdad? Sin embargo, quiero que en este estudio veamos el que probablemente fue uno de los peores dÃas en la vida de Jesús, y cómo manejó el desafÃo que enfrentó.
¿Alguna vez ha estado tan deprimido que deseaba morir? Asà se sintió Jesús en este dÃa. No existe ningún otro registro en los evangelios en el que se haya sentido tan mal que se lo haya dicho a sus discÃpulos, pero es eso lo que hizo en este momento. Y no abrió su corazón frente a todos sus discÃpulos; sólo fue con Pedro, Santiago y Juan al huerto de GetsemanÃ, donde a veces iba a orar, y les hizo saber cómo se estaba sintiendo. No trató de aparentar estar “espiritualmente bienâ€. Fue honesto con ellos acerca de lo mal que estaba.
La respuesta es que Jesús no estaba haciendo nada malo. No habÃa ni pecado ni culpa en su vida como para debilitarlo. No habÃa imperfección o falla en su andar con Dios que pudiera haber provocado esto. Él estaba tan comprometido con Dios como siempre, y tan disciplinado en su andar con Dios como nunca. Y asà y todo estaba tan deprimido que querÃa morir.
Esto nos enseña que la depresión no siempre es el resultado de algo que usted o yo hayamos hecho mal. La depresión puede ocurrir aun cuando estamos haciendo las cosas bien. Si Jesús pudo deprimirse a pesar de su perfecto andar con Dios, tal vez no deberÃamos apresurarnos a condenarnos a nosotros o a otros, cuando nos deprimimos.
Pues bien, estar deprimido es una cosa; manejar la depresión de la manera correcta es otra.
¿Cómo manejó Jesús su depresión? ¿Buscó consuelo en una botella? ¿Ingirió alguna hierba para aturdir su mente? ¿Se atiborró de comida, o trató de olvidar sus problemas en brazos de una mujer? ¿Buscó diversión? ¿Se aisló de los demás? ¿Se echó a dormir por horas y horas, sin ánimo de hacer nada?
¿Cuál era el conflicto? No tenemos que adivinar. La Escritura nos contesta.
Hebreos 5:7
En los dÃas de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podÃa salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverente sumisión.
Para decirlo de manera simple, Jesús no querÃa morir. El “trago amargo†que le pidió a Dios no beber era su muerte.
¿No suena esto al incidente en Heaven’s Gate, en el cual un grupo de hombres y mujeres mal aconsejados entregaron sus vidas con la esperanza de ser resucitados en una nave espacial en algún lugar? Nosotros consideramos que quienes actúan de esa manera están locos, y si además dicen que lo hacen porque Dios se los pide, ¡confirmarÃamos nuestras sospechas!
Jesús confiaba en Dios, y siempre habÃa hecho lo que su Padre le habÃa pedido; pero esto era muchÃsimo más de lo que Dios le habÃa pedido hasta ese momento. Jesús estaba tan decidido como siempre, a obedecerLo a cualquier precio, pero en este momento hizo algo que nunca habÃa hecho antes: Le pidió que cambie Su voluntad. Pidió esto no una vez, sino tres veces. Y no lo hizo con total calma y sin pasión. Él fue ante su Padre con “fuerte clamor y lágrimasâ€.
Hebreos 5:8-9 (8) Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer. (9) Y consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen.
Filipenses 2:8
Y al manifestarse como hombre, se humilló a sà mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!
Hebreos 12:2
Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.
He allà la respuesta. Jesús pudo soportar la cruz debido al “gozo que le esperabaâ€. La solución de Dios para la depresión de Jesús fue darle gozo.
Salmo 45: 6-7 (VRV) (6) Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el cetro de tu reino. (7) Has amado la justicia y aborrecido la injusticia; por eso te ha ungido Dios, el Dios tuyo, con aceite de gozo, más que a tus compañeros.
Dios capacitó a Jesús para superar su depresión enfocando su atención en algo que todavÃa no podÃa tener, pero que le estaba garantizado para el futuro. En otras palabras, Dios le dio algo en que tener esperanza.
Hay dos perspectivas desde las cuales el cristiano puede ver las cosas que le están ocurriendo en la vida. La primera es observar las situaciones desde nuestra posición legal, que muestra que estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales.
La esperanza no es la única fuente de gozo que tenemos. El gozo es uno de los frutos del espÃritu que se manifiesta en nuestras vidas en la medida en que caminemos por el espÃritu de Dios más que por nuestra naturaleza carnal pecaminosa. Los frutos del espÃritu son caracterÃsticas de Dios manifestadas en la vida de Cristo, y que Dios quiere desarrollar en nuestras vidas.
En IsaÃas, el MesÃas venidero fue descrito como “varón de doloresâ€.
IsaÃas 53:3
Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos.
De hecho, Jesús fue despreciado y rechazado por la nación a la que Dios lo habÃa enviado. El Jesucristo de los evangelios fue un hombre experimentado en el dolor y en el sufrimiento; sin embargo, caminó con gozo en su corazón, a pesar de los conflictos y obstáculos que enfrentó. Jesucristo llevó a cabo a la perfección la voluntad de Dios, y su vida reflejó el carácter de su Padre. Parte de ese carácter conforme a Dios, era el gozo, que es uno de los frutos del espÃritu.
En Juan 17, justo antes de su crucifixión, Jesús oró al Padre para que podamos compartir su gozo.
Juan 17:13 (VRV)
Pero ahora voy a ti y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo completo en sà mismos.
Este es el secreto de nuestro gozo. No debemos buscar sentimientos de felicidad en el interior de nuestros propios corazones; nuestro gozo proviene de Jesucristo. Parte de ese gozo está disponible hoy en dÃa como fruto del espÃritu, el cual es desarrollado en nosotros a medida que vivimos de acuerdo con el espÃritu de Dios. La plenitud de nuestro gozo, sin embargo, será manifestado en el retorno de Cristo.
En este momento el mundo se alegra mientras nosotros tenemos angustia. Pero cuando Cristo retorne, cuando lo veamos cara a cara, tendremos gozo que no nos podrá ser quitado por nadie.
Pero no todo nuestro gozo está basado en el futuro.
Juan 16:23-24 (23) En aquel dÃa ya no me preguntarán nada. Ciertamente les aseguro que mi Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. (24) Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su gozo sea completo.
La base de nuestro gozo es nuestra confianza de que, no importa lo que suceda a nuestro alrededor, Dios nos ama, y Él es nuestra fuente de recursos. Podemos tener gozo en medio de oscuras circunstancias y en medio de la necesidad, porque nuestros ojos están enfocados, no en nuestras circunstancias o en nuestras necesidades, sino en nuestro Dios, quien es mayor que ambas.
Filipenses 4:6
No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.
No debemos estar inquietos, o ansiosos, por nada. En cambio, debemos llevar a Dios todo aquello por lo que normalmente nos preocupamos, y hacer un pedido especÃfico a Él para que cubra nuestra necesidad, y debemos hacerlo con un corazón agradecido por lo que Dios ya ha hecho por nosotros. Esto requiere mantener el corazón enfocado en nuestro Padre y en Sus cosas, antes que en las cosas de este mundo. Y requiere algo más: continua comunión con Dios.
Juan 15:7
Si permanecen en mà y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá.
1 Juan 3:20-22 (20) que aunque nuestro corazón nos condene, Dios es más grande que nuestro corazón, y lo sabe todo. (21) Queridos hermanos, si el corazón no nos condena, tenemos confianza delante de Dios, (22) y recibimos todo lo que le pedimos porque obedecemos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Nuestra confianza en Dios nos da gozo en el presente, incluso cuando las cosas no parecen salir bien.
Nuestro Dios es la fuente y el motivo de nuestra esperanza. Es Él quien nos llena de gozo y paz, a medida que depositamos nuestra confianza en Él. Es Él quien hace que tengamos abundante esperanza, porque Él nos ha dado Su espÃritu, una pequeña muestra hoy en dÃa de lo que será nuestro en el retorno de Cristo.