Un hombre que se alejó de Dios al no poder reconciliar un Dios misericordioso con el sufrimiento que veÃa a su alrededor fue Charles Darwin, cuya incredulidad a la larga contribuyó significativamente al desarrollo de su asà llamada “teorÃa de la evoluciónâ€, mito que ha cegado a muchos a la veracidad de la Palabra de Dios. [1] En el ejemplar de enero de 1992 de Impact (publicación del Institute For Creation Research - Instituto para la Investigación de la Creación), John Morris escribió sobre el dilema de Darwin en cuanto a cómo ciertas partes complejas del cuerpo humano podrÃan haberse formado por azar:
Un ejemplo favorito de un caso de diseño obvio ha sido siempre el ojo humano, con sus múltiples partes funcionales: cristalino, córnea, iris, etc., los músculos de control, los sensibles conos y bastoncillos que traducen la energÃa de la luz en señales quÃmicas, el nervio óptico que hace ingresar rápidamente estas señales a un centro de decodificación en el cerebro, y asà sucesivamente. El ojo fue incuestionablemente diseñado por un Diseñador de increÃble inteligencia, quien tenÃa un completo dominio de fÃsica óptica.
En algún momento de su vida, casi todos se plantean interrogantes sobre el mal, el pecado y el sufrimiento como los que hemos mencionado al inicio de este capÃtulo. Formular las preguntas correctas es una gran clave para obtener las respuestas acertadas. Estamos de acuerdo con la sugerencia de Kushner de que demasiada gente puede muy bien haber estado planteando las preguntas equivocadas:
Intentaremos, ahora, formular las preguntas adecuadas, y poner todo nuestro empeño para mostrarle a usted las respuestas bÃblicas a tales interrogantes.