¿Por qué Jesús no le da a cada uno una copia de su plan para su misión en la Tierra en el momento en que se convierte en cristiano? Con frecuencia queremos que el Señor nos diga exactamente qué hacer a continuación, pero la realidad es que, la mayoría del tiempo, parecería ser que no sucede así. A veces nos podemos sentir un poco perdidos, preguntándonos qué camino tomar; incluso podríamos orar por ello y aún así parecería que él no nos comunica las cosas con claridad. Queremos que Jesús abra los cielos y proclame nuestro propósito en esta vida desde un envolvente portal de luz y gloria, pero, por el contrario, parece que sólo debemos esperar.
Sabemos que Dios dice que Sus planes para nosotros son planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darnos un futuro y una esperanza. (Jer. 29:11). Nos prometió que si Lo reconocemos en todos nuestros caminos, Él allanará nuestras sendas (Prov. 3:6), y si nos falta sabiduría, podemos pedírsela y Él la dará generosamente (Santiago 1:5). Sin embargo, a veces pedimos y, aunque sabemos que Él nos guiará en su momento, Él quiere que simplemente Lo esperemos hasta el momento justo. ¿Pero, por qué debemos esperar? La respuesta, al menos en parte, yace en la guerra espiritual en la que estamos involucrados.
En primer lugar, debemos cambiar la forma en que abordamos esta pregunta. Frecuentemente asumimos que la obra de Dios es como la construcción de un cobertizo, o alguna otra cosa, y que todos estamos esperando que se nos diga qué hacer. En realidad, la obra de Dios es ni más ni menos que una guerra. Jesús, el comandante principal de Dios, no es el gran constructor de cobertizos del cielo; él es el general y nosotros estamos en guerra. Debemos tomar la guerra espiritual muy en serio, y cuando lo hacemos, podemos comprender por qué el Señor con frecuencia trabaja mediante el sistema “paso a paso”. Esto tiene mucho sentido, porque la información está estrictamente guardada en tiempos de guerra. Los planes de batalla se preparan en secreto, y la información se va dando discretamente, porque el elemento sorpresa es clave. Los comandantes siempre se esfuerzan para que el enemigo no tenga el más mínimo indicio de los planes, ya que si no actúan de ese modo, el enemigo puede preparar sus defensas, lanzar un contraataque, o frustrar nuestro avance de algún otro modo. Al enemigo se le debe ocultar la verdad por tiempo suficiente como para que la ventaja sea nuestra. Es por esto que ningún general permite que sus planes sean conocidos por todos. Por el contrario, los revela en el momento justo.
Lo mismo sucede en la guerra espiritual. Jesús es un general sabio que está haciendo avanzar sus tropas, enviando a sus delegados, y empleando el servicio de sus santos en la guerra espiritual. Mientras estamos aquí en la Tierra, estamos detrás de las líneas enemigas. Satanás es “el dios de este mundo” (2 Co. 4:4) y el mundo entero yace bajo su poder (1 Juan 5:19), por lo tanto, nuestra actitud mental al recibir órdenes debería reflejar esta realidad. Ningún soldado de infantería se atrevería a ir al Centro de Comando exigiendo conocer todos los planes de batalla y cómo encaja él exactamente en ellos. Así como cada soldado debe esperar pacientemente para recibir órdenes, también nosotros debemos confiar en el Señor y esperar fielmente en él.
El Señor te ha incluido en sus planes de batalla. Él tiene una distintiva y prometedora misión para ti, y quiere darte las órdenes de marcha que tanto deseas recibir. Pero puede ser que, así como las tropas de las Fuerzas Especiales deben aguardar, en un frío cuarto, a ser informadas de cuál será su próximo destino, también tú tienes que esperar hasta el último minuto para saber con exactitud a dónde te están enviando y cuál es tu misión. La razón por la cual quizá debas esperar es que si la noticia se conoce antes de tiempo, el enemigo estará más preparado para intentar frustrar los planes del Señor para tu vida. Si Satanás supiera exactamente a dónde serás enviado, él podría enviar a sus propias fuerzas allí, o intentar hacer tu obra, de algún modo, mucho más difícil. Vemos esto en la Escritura, donde la sabiduría secreta y oculta de Dios fue escondida de las fuerzas demoníacas, de modo que “Ninguno de los príncipes de esta edad [Satanás y sus demonios] conoció esta sabiduría; porque si ellos la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de la gloria”. (1 Co. 2:7 y 8 – RVA [1] ) Y Jesús enseñó algo similar cuando dijo: “Pero sabed esto: Si el dueño de casa hubiera sabido a qué hora habría de venir el ladrón, habría velado y no habría dejado que forzaran la entrada a su casa.” (Mateo 24:43 – RVA). Por eso, en tiempos de guerra hay necesidad de cierto “silencio de radio”.
Cuando olvidamos que estamos en una guerra espiritual podemos interpretar este “silencio de radio” como si Jesús nos estuviera dejando afuera; quisiéramos hoy mismo que él delineara claramente el plan para toda nuestra vida. Pero recuerda, estamos en guerra. Y cuando estamos en guerra, hay algunas cosas que nos llegan “paso a paso”. Sería necio que el Señor nos mostrara todos sus planes, y si hay algo que él no es, es necio. Él quizá te dé sólo porciones y partes por vez, como al apóstol Pablo, quien, cuando se convirtió en cristiano preguntó: “¿Qué debo hacer, Señor? Y Jesús le respondió: “Levántate… y entra en Damasco. Allí se te dirá todo lo que se ha dispuesto que hagas”. (Hechos 22:10). Por lo tanto, sé paciente; tus órdenes de marcha vendrán en el justo momento en que el Señor, en su sabiduría, lo considere adecuado.