Pienso que muchas personas quizás se tornen, este 31 de diciembre, más reflexivos de lo que generalmente son al final de un año calendario. Piense en todos los millones de personas en el planeta que reflexionarán sobre el año anterior como otro año más en el cual no encontraron la verdad, el significado, o el propósito verdadero para energizar sus vidas, y que miran hacia el futuro más allá del año 2000 sin la menor idea de cómo esto cambiará. Yo, por empezar, no puedo dejar de maravillarme ante la grandiosa gracia de Dios al permitirme ser una parte de lo más grande que está ocurriendo en la Tierra: el ministerio de la reconciliación. Que el Creador me invitare a participar junto con Él para lograr Su propósito para la humanidad es algo vigorizador ¡como mÃnimo!