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Sanidad: Don de misericordia y de gracia de Dios

[El siguiente artículo es una transcripción y traducción editada de nuestra cinta/CD del mes de mayo 2006: Healing: God’s Gift of Mercy and Grace (Sanidad: Don de misericordia y de gracia de Dios), por Dan Gallagher].

Esta será una emocionante enseñanza en dos partes. Está compuesta por dos cintas o CDs. La primera enseñanza será mía, y la segunda será de John Schoenheit, quien enseñará sobre “La sanidad en su contexto bíblico”.

Usted puede preguntarse: "¿Por qué dos cintas o CDs?” Pues bien, éste es un tema muy amplio, así que la parte uno, que estoy enseñando, va a ser una visión general del tema completo de la sanidad, y voy a abordar muchas áreas. A decir verdad, voy a abordar algunos temas que quizá lo desafíen doctrinalmente. Y si usted acepta el desafío, creo que será para bien. Le pido que tenga paciencia y que escuche esta enseñanza en su totalidad.

Además, le quiero pedir que luego se tome el tiempo de examinarla nuevamente desde el principio. Es por esto que la enseñanza tiene dos partes. Debido a que mi visión general abordará algunas áreas doctrinales, pensamos que sería de gran beneficio que John Schoenheit luego ahonde en algunas otras áreas doctrinales específicas que yo sólo mencionaré.

Soy un apasionado de la sanidad, y lo he sido por muchos, muchos años. De hecho, en 1972, por primera vez en mi vida, alguien abrió la Biblia y me la explicó de una manera nueva para mí. Fui criado como católico romano; por supuesto había renacido como cristiano y aceptado a Jesucristo como mi Señor, pero nunca había comprendido que el poder de Dios, Su don de espíritu santo, moraba en nosotros, y que esto era algo que podíamos operar: poder de Dios en nuestras vidas.

Durante un curso en el que aprendí muchas claves sobre cómo apropiarme de este poder y cómo ponerlo en práctica, mi corazón brincaba de alegría porque no podía dejar de pensar en mi hermana Patty. Verán, mi hermana Patty es una de mis cinco hermanas. Dos años mayor que yo y la más cercana a mí de mis hermanas mayores. Patty nació como una niña perfecta, pero desafortunadamente, debido a las decisiones equivocadas de un par de médicos, el cerebro de Patty fue privado de oxigeno poco tiempo después de nacer. El resultado fue una enfermedad llamada parálisis cerebral, o sea que una parte de su cerebro murió. Eso le causó una discapacidad física, un poco de retraso mental, pérdida de audición, y también incapacidad para hablar. Para colmo de males, de pequeña contrajo polio.

Durante este curso aprendí, por primera vez, que la sanidad estaba disponible. Y yo no hacía más que pensar en Patty. Entonces pensé: "¡Vaya! Qué milagro sería para mí regresar a casa y ministrarle a mi hermana”. Indudablemente existía la necesidad de sanar, y por supuesto, era lo que yo quería. Sabía que toda mi familia, incluyendo mis padres, quería lo mismo. Sí, tenía entendido que los padres tienen derechos legales sobre sus hijos pequeños, pero mi hermana ya era de edad adulta. Así que aquí estaba yo, y supuse que conocía estas claves. Y como Dios es todo amor, todo bondad, y todo misericordia, ciertamente querría que mi hermana fuera sanada. Yo sabía que Dios no era el autor de la enfermedad, el pecado, o la muerte.

Poco tiempo después de graduarme de este curso, tomé mi automóvil y rápidamente me dirigí al norte. Yo vivía en el sur de California donde asistía a la universidad, y mi familia vivía en el norte de California, un viaje de aproximadamente ocho horas. Conduje todo el tiempo alabando a Dios, orando y pidiéndoLe que interceda por mi hermana, y yo sabía que Él ciertamente la sanaría. Pues bien, entré en la casa aquel día, y tomé a mi hermana y la llevé a mi habitación. Cerré la puerta, me arrodillé y sostuve la mano de Patty. Ella no tenía idea de lo que estaba ocurriendo, pero yo sabía que Dios sí sabía. Me senté y cerré mis ojos, y oré por mi hermana. Oré por su sanidad, y oré con toda la autoridad que Jesucristo nos ha dado. Sabía en mi corazón que yo sentía que tenía fe y que estaba creyendo que Dios la sanaría.

Lentamente abrí mis ojos. Lo que vi fue que desafortunadamente, nada había ocurrido. Estaba devastado. Pregunté a Dios: "¿Por qué, Dios? ¿Por qué no sanas a mi hermana?". Como dije, la sanidad es algo muy importante para mí. Sé que es importante para todos nosotros. Sé que muchos de nosotros hemos sentido el mismo impacto al no ver la sanidad manifestada en nuestras vidas. Yo mismo, mis hijos, y mi esposa, a veces hemos estado enfermos o lesionados y necesitados de sanidad. Todos hemos necesitado sanidad de una forma u otra, en uno u otro momento. Hemos visto el dolor y el sufrimiento de nuestros seres queridos. Muchos de nosotros, si no todos, hemos orado a Dios por alivio, o una cura, en algún momento. Todos sabemos de otras personas que han sufrido los efectos debilitantes de las lesiones, la enfermedad, y las dolencias.

Es mi oración, mi esperanza, mi propósito, y mi intención, que a través de esta enseñanza usted pueda comprender exactamente lo que Dios nos ha hecho disponible, para que usted reciba sanidad en su vida y que sea un ministro más eficaz para ministrar la sanidad a otros a su alrededor.

Abordaremos varios temas con respecto a la sanidad. En primer lugar examinaremos los argumentos o posturas que fundamentan por qué creemos que la enfermedad no es parte del plan de Dios. En segundo lugar consideraremos qué pasos ha tomado Dios y también por qué no vemos más sanidad en la Iglesia hoy en día. Cuando comencemos a comprender lo antedicho, examinaremos qué otros factores afectan nuestra capacidad para recibir y ministrar sanidad. Creo que al hacer esto, usted logrará un entendimiento tal, que podrá finalmente apropiarse de ese poder de Dios que yo tanto deseé manifestar y utilizar para ayudar a mi hermana Patty en esa habitación hace muchos años.

A medida que usted lea esta transcripción, tal vez encuentre que algunas cosas desafiarán su doctrina. Le pido que tenga paciencia y que por favor relea esta enseñanza y los artículos relacionados con ella (en los hipervínculos), no una vez sino muchas veces. Estaré cubriendo mucho material, y pienso que necesitará trabajarlo unas cuantas veces.

Le pido que lea la transcripción de la cinta de John Schoenheit porque creo que John podrá ampliar áreas y versículos específicos que usted tiene que comprender de una manera más minuciosa. Además, él explicará un paradigma cultural que existía en la Iglesia del primer siglo, diferente a nuestro paradigma occidental. Esta diferencia le abrirá los ojos para comprender la sanidad.

Si usted es como yo, se habrá hecho muchas preguntas sobre la sanidad. He escuchado que algunos cristianos dicen que si una persona está enferma, sencillamente es porque no tiene suficiente fe, porque al ser Dios como es, Él los sanaría siempre. Y que si luego esa persona no obtiene sanidad, obviamente también debe ser un problema de fe. También escuché a otros que dicen que la sanidad ni siquiera está disponible hoy. Muchas veces la gente incluso dice que es Dios quien envía la enfermedad, y que Lo hace para hacernos humildes.

Ahora comenzaremos con la primera sección de esta enseñanza.

Sección 1
¿Qué dice la Biblia realmente acerca de la sanidad?

La mejor manera de abordar este tema sobre la sanidad es, por supuesto, comenzar por el principio. Sé que la mayoría de ustedes está familiarizado con este material, pero necesitamos tomarnos el tiempo necesario para poner el fundamento apropiado. Recuerden, esta es una enseñanza abarcativa. Aunque voy a entrar en detalles, necesitamos tomarnos el tiempo para hacerlo. Antes de abordar la pregunta: ¿está disponible la sanidad?, deberíamos entender si la enfermedad fue alguna vez parte del plan original de Dios.

Estas son las primeras dos preguntas:

Pregunta 1: ¿Cuál es el origen de la enfermedad y la muerte?
Pregunta 2: ¿Eran éstas parte del plan de Dios?

Existen cuatro principales razones por las que creemos que la enfermedad y las dolencias no son parte del plan de Dios.

La primera razón es que los primeros versículos de Génesis muestran claramente que el propósito original de Dios fue que gente perfecta viviera para siempre en una Tierra perfecta. Todo lo que Dios hizo era “muy bueno”.

Génesis 1: 31a
Dios miró todo lo que había hecho, y consideró que era muy bueno.

Ni la enfermedad ni la muerte, la cual es enfermedad total, fueron alguna vez parte del plan. La corrupción en la Creación, la cual incluye a la humanidad toda, vino recién cuando Adán pecó. Adán y Eva vivían en el Jardín, primero Adán y luego Eva. Éste era un lugar sin espinos ni cardos, un paraíso maravilloso. La definición de paraíso es “lugar perfecto”.

No existía ninguna corrupción. La corrupción en la Creación, o sea en toda la humanidad, se originó con el pecado de Adán. No sólo la humanidad sufrió como consecuencia del pecado de Adán, sino que Romanos 8:21 nos dice que el mundo entero ha estado sujeto a la “corrupción que la esclaviza” desde entonces. Incluso las plantas y los animales se enferman y mueren prematuramente.

Romanos 8: 21
de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

La segunda razón por la cual creemos que la Biblia muestra que las enfermedades y dolencias no fueron parte del plan de Dios es que la Biblia dice que Dios es amor. (1 Juan 4.8). Ahora piense en eso. Nosotros amamos a veces, pero Dios es amor, lo cual significa que Su misma naturaleza y carácter inalterable hacen que sea imposible para Él, siquiera pensar, decir, o hacer algo que no sea totalmente amor. Enfermar a la gente para hacerla humilde no es mi idea de dar amor, y estoy seguro que tampoco es la de ustedes.

La tercera razón por la cual creemos que enfermedad y dolencias no fueron parte del plan de Dios, es que Dios creó el cuerpo humano con una maravillosa (si no milagrosa) capacidad para sanarse a sí mismo. ¿Entonces por qué crearía cuerpos con esta capacidad si Él fuera el autor de las enfermedades y la muerte? ¿De qué Le serviría enfermar a la gente si sus cuerpos se van sanando a sí mismos? Si así fuera, Él estaría actuando contra Sí mismo, y eso es ridículo.

Hay muchos versículos difíciles en el Antiguo Testamento que parecen decir que Dios envió las enfermedades, las plagas, etcétera, pero creemos que esto puede ser comprendido cuando vemos que es la misma gente la que acarrea sobre sí misma las consecuencias de su propio pecado e incredulidad. Para un estudio bíblico minucioso al problema del mal, el pecado, el sufrimiento, y las respuestas para estas preguntas que surgen de los versículos del Antiguo Testamento, recomiendo mucho que usted lea nuestro libro (en inglés) Don´t Blame God (No culpen a Dios). En él se explica más sistemáticamente lo que estoy intentando hacer hoy.

Para resumir esta tercera razón por la cual creemos que las enfermedades y dolencias no son parte del plan original de Dios, vuelvo a subrayar que Dios hizo el cuerpo con una capacidad milagrosa de sanarse a sí mismo.

La cuarta razón es que Jesús siempre hizo la voluntad de Dios. Fuera donde fuera, Jesús nunca enfermó a las personas. Al contrario, sanó a todos a quienes podía sanar. A decir verdad, Hechos 10:38 es un muy buen registro en el que Pedro resume la vida y la misión de Jesús.

Hechos 10: 34-38
(34) Pedro tomó la palabra, y dijo: —Ahora comprendo que en realidad para Dios no hay favoritismos,
(35) sino que en toda nación él ve con agrado a los que le temen y actúan con justicia.
(36) Dios envió su mensaje al pueblo de Israel, anunciando las buenas nuevas de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos.
(37) Ustedes conocen este mensaje que se difundió por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan.
(38) Me refiero a Jesús de Nazaret: cómo lo ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder, y cómo anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él [Jesús].

¿Quién es el que está causando enfermedad y dolencia? Pues bien, creo que se infiere allí mismo. Es el Diablo, porque Jesús estaba sanando. La voluntad de Dios es que las personas sean sanadas.

Esto nos lleva a otro interrogante: ¿Qué medidas, si las hay, ha tomado Dios para traer sanidad a la humanidad? ¿La sanidad siquiera está disponible?

Salmos 107: 20
Envió su palabra para sanarlos, y así los rescató del sepulcro.

Lo primero que Dios hizo es dar Su Palabra, la cual sana cuando es recibida, comprendida, y creída. Lo segundo que Dios hizo para traer sanidad a la humanidad fue enviar la “palabra viviente: Jesucristo" en quien la sanidad es completa. En Lc. 4: 18-19, Jesús declaró, al comenzar su ministerio:

Lucas 4: 18 y 19 [VRV]
(18) El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos
(19) y para proclamar el año agradable del Señor.

Creo que muy específicamente dice aquí que Dios envió a Jesús para sanar a los quebrantados de corazón y dar vista a los ciegos. Sanar es algo característico de Jesucristo, y su vida así lo demostró. Vemos entonces que esto es lo segundo que Dios hizo para traer sanidad. Nos envió Su Palabra escrita, y Su palabra viviente. Lo tercero que Dios hizo fue, no solamente que Jesús sanó a aquellos que vinieron a él con fe, sino que también les dio autoridad a sus discípulos y los instruyó para que sanaran.

Mateo 10: 1
Reunió a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar a los espíritus malignos y sanar toda enfermedad y toda dolencia.

Las medidas que Dios tomó para traer sanidad fueron: primero, Dios envió Su Palabra; segundo, envió Su Palabra viviente, Jesucristo; tercero, Jesús dio autoridad a sus discípulos para sanar; y cuarto, Dios ungió a Jesús con espíritu santo para su misión sobre la Tierra, y desde la exaltación de Jesús como Señor, Él ha ungido a cada persona que cree en él, con ese mismo espíritu santo. El Señor Jesús sigue estando, hoy en día, muy interesado en energizar señales, milagros y maravillas, porque ellas son, por así decirlo, la campaña publicitaria de Dios. Cuando sea y donde sea que veamos milagros, podemos ver el poder de Dios manifestarse. Estos declaran la gloria de Dios, Su magnificente capacidad, y Su amor por la humanidad. Cada cristiano tiene ahora ese mismo poder y autoridad para sanar que Jesús tenía, y aquellos en la Iglesia del primer siglo lo sabían y lo creían.

Hechos 28: 8 y 9 [VRV]
(8) Aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y disentería. Pablo entró a donde él estaba, y después de orar, le impuso las manos y le sanó.
(9) Después que sucedió esto, los demás de la isla que tenían enfermedades también venían a él y eran sanados.

Esto es lo que yo llamo una campaña publicitaria. Cuando Dios quiere que Sus movimientos se conozcan, Se mueve y demuestra Su poder. Pablo también estaba investido con el mismo poder que tuvo Jesucristo, porque Jesús lo había ungido. Y Jesús ha dado esa misma capacidad a cada uno de nosotros los cristianos, cuando tenemos espíritu santo. Cuando Pablo ministró y sanó a Publio, todos los isleños lo vieron, lo reconocieron y acudieron a él.

Una de las manifestaciones del espíritu que los cristianos pueden utilizar se llama dones de sanidades.

1 Corintios 12: 9 (VRV)
a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por un solo Espíritu.

La Escritura incluso llama a algunos, "hacedores de milagros", lo cual creemos que incluye algunas sanidades milagrosas. Evidentemente, Dios ha provisto muchas maneras de sanar, lo cual me lleva a mi tercera pregunta.


Pregunta 3: ¿Por qué no vemos más sanidad en la Iglesia hoy?

De verdad creo que puede haber varios factores para esto. Pero la respuesta más simple y básica es falta de fe; sin embargo, hay más que eso. Ocasionalmente vemos sanidades milagrosas, pero existe una serie de factores que inciden en la sanidad, y debemos analizarlos a todos.


FACTOR 1: ACTITUD

Creo que antes de examinar nuestra fe deberíamos examinar nuestra actitud. Escuchó bien, no fe sino actitud. Porque la actitud precede a la fe.

Muy a menudo, las personas se aproximan al tema de la sanidad con una actitud que limita su confianza en Dios. Todos deberíamos comprender la diferencia fundamental existente en el área de la sanidad para adoptar la actitud correcta. Debemos comprender que la sanidad y la salud integral son la voluntad de Dios, y que Él nos ha dado autoridad para sanar y ser sanados por medio del espíritu santo, pero eso no significa que la sanidad sea un derecho.

En otras palabras, no es algo que exigimos o reclamamos como he escuchado que algunos enseñan. Esta es una enseñanza muy popular: “Nómbrelo y reclámelo, y si tiene suficiente fe, sólo tiene que dar la orden, y lo que pide es suyo”. Creo que eso es erróneo. Sólo porque Dios ha hecho disponible la sanidad y la salud integral no quiere decir que es un derecho. Cuando se comprende esto apropiadamente, creemos que lo que la Escritura revela es que la sanidad es un regalo, y que es recibida por fe (confianza).

A modo de explicación, déjeme sólo recordarle que en los Estados Unidos de Norteamérica tenemos ciertos derechos garantizados por nuestra Constitución. Tenemos el derecho a la libertad de expresión, libertad de asamblea, y libertad de religión. Éstos son derechos, y son algo que podemos exigir; podemos reclamarlos. Como hijos de Dios tenemos muchos derechos, pero a diferencia de un derecho, un regalo no es algo que uno pueda exigir. Por el contrario, un regalo se da voluntariamente, sin esperar pago por él. Dios lo entrega al receptor para mostrar Su favor. La redención, la salvación, y la vida eterna son algunos de los regalos que Dios nos ha dado, debido a Su gran misericordia y a Su gracia. Toda vez que se nos da un regalo, es por gracia y misericordia. Dios es misericordioso porque nos ha retenido lo que realmente nos merecemos por nuestros pecados, que es la muerte. Y nos demuestra Su favor inmerecido hacia nosotros, es decir, Su gracia. La sanidad es uno de esos preciados regalos que Dios nos da. No la ganamos, y ciertamente no la merecemos. Cada vez que ocurre una sanidad, es siempre debido a la misericordia y gracia de Dios.

Considere cómo relacionó David la sanidad con la misericordia de Dios.

Salmo 41:3 y 4
(3) El SEÑOR lo confortará cuando esté enfermo; lo alentará en el lecho del dolor.
(4) Yo he dicho: «SEÑOR, compadécete de mí; sáname, pues contra ti he pecado.»

¿Lo ve? Dice: "compadécete de mí”. Es un regalo. El apóstol Pablo también reconoció que la sanidad era el resultado de la misericordia de Dios. Vemos esto en Filipenses cuando habla del amado discípulo Epafrodito.

Filipenses 2: 26 y 27
(26) Él [Epafrodito] los extraña mucho a todos y está afligido porque ustedes se enteraron de que estaba enfermo.
(27) En efecto, estuvo enfermo y al borde de la muerte; pero Dios se compadeció de él, y no sólo de él sino también de mí, para no añadir tristeza a mi tristeza.

Dios se compadeció de Epafrodito. No dice: “Rodeamos a Epafrodito y reclamamos su sanidad que Dios hizo disponible; exigimos el derecho a ser sanado que Dios Le ha dado a Epafrodito ". No, lo que dice es que Dios tuvo misericordia de él. La misericordia es un regalo.

Leeré varios versículos porque creo que usted podrá ver que hablan justamente de esto.

Mateo 17: 14 y 15
(14) Cuando llegaron a la multitud, un hombre se acercó a Jesús y se arrodilló delante de él.
(15) "Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques y sufre terriblemente. Muchas veces cae en el fuego o en el agua”.

Mateo 20: 30 y 31
(30) Dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al oír que pasaba Jesús, gritaron: —¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!
(31) La multitud los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban con más fuerza: —¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!

Marcos 5: 18 y 19
(18) Mientras subía Jesús a la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le permitiera acompañarlo.
(19) Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: —Vete a tu casa, a los de tu familia, y diles todo lo que el Señor ha hecho por ti y cómo te ha tenido compasión.

Marcos 10: 46 y 47
(46) Después llegaron a Jericó. Más tarde, salió Jesús de la ciudad acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. Un mendigo ciego llamado Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado junto al camino.
(47) Al oír que el que venía era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: — ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!

Hebreos 4: 16 y 5: 1
(16) Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.
(1) Todo sumo sacerdote es escogido de entre los hombres. Él mismo es nombrado para representar a su pueblo ante Dios, y ofrecer dones y sacrificios por los pecados.

Santiago 5: 11
En verdad, consideramos dichosos a los que perseveraron. Ustedes han oído hablar de la perseverancia de Job, y han visto lo que al final le dio el Señor. Es que el Señor es muy compasivo y misericordioso.

Isaías 58: 6-8
(6) »El ayuno que he escogido, ¿no es más bien romper las cadenas de injusticia y desatar las correas del yugo, poner en libertad a los oprimidos y romper toda atadura?
(7) ¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento y dar refugio a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no dejar de lado a tus semejantes?
(8) Si así procedes, tu luz despuntará como la aurora, y al instante llegará tu sanidad; tu justicia te abrirá el camino, y la gloria del SEÑOR te seguirá.

Se puede ver en los versículos anteriores que la sanidad está directamente correlacionada con, y asociada a, la misericordia. Recuerde, estamos en el tema de la actitud, y no olvide que dije que la actitud es algo que incide en nuestra fe. ¿Cuál es la importancia de comprender la sanidad como un regalo y no como un derecho? Pues bien, es una diferencia sutil, pero importante. Creo que afecta nuestra capacidad de recibir sanidad. Si usted está interesado en recibir sanidad, querrá saber y comprender esto.


Pregunta 4: ¿Cuál es la diferencia entre un regalo y un derecho?

En primera instancia, veamos la diferencia que hay entre la verdad y el error, porque sólo la verdad nos hace libres.

Juan 8: 32
y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.

Si tenemos error, tenemos esclavitud. La enseñanza errónea siempre produce malos resultados. Creo que esto es lo primero que debemos ver para diferenciar entre un regalo y un derecho. Demasiado de lo que hoy se presenta como enseñanza cristiana, en realidad proviene de la tradición y la cultura en vez de provenir de la Palabra de Dios. No estoy interesado en la tradición; estoy interesado en la verdad, porque la verdad es la que nos hace libres. La sanidad es un regalo, y no un derecho. Creo que si usted se toma el tiempo para examinar esto, verá cuán importante es esta diferencia.

En segunda instancia debemos comprender que no estamos manejando la Palabra de Dios apropiadamente si la sacamos del contexto cultural en la que fue escrita. En los Estados Unidos de Norteamérica tendemos a pensar en términos de derechos legales y de beneficios adquiridos, pero en la cultura bíblica las personas pensaban en términos de lo que llamamos “benefactores”. John Schoenheit, en la segunda parte de esta enseñanza, examinará en detalle el tema del benefactor, y sé que lo bendecirá. Le dará un entendimiento mucho más profundo, especialmente con respecto a su capacidad de acercarse a Dios en fe, a su capacidad de confiar en Él.

Usted debe comprender que en un sistema de benefactores (que era el sistema imperante en la cultura bíblica), los bienes y servicios eran extremadamente limitados. Para obtener lo que necesitaba, a menudo debía usted depender de la generosidad de un benefactor, ya sea un terrateniente, una persona adinerada, o incluso el emperador mismo. Estos eran considerados benefactores. Así es cómo las personas obtenían bienes; así es cómo las personas podían mejorar su estilo de vida. Existía una brecha tan grande entre adinerados y pobres, que la única manera en que las artes y muchas otras cosas pudieran continuar y ser promovidas, era por medio de benefactores. Este era un modelo del paradigma en el que vivían todos los santos del primer siglo. Ellos pensaban en Dios como un benefactor generoso. Un benefactor era alguien a quien podían acceder con confianza para satisfacer sus necesidades, pero no para reclamar derechos. Si usted se presentara ante un benefactor y le dijera: "Exijo mi derecho", lo miraría y le diría: "¡Fuera de aquí; insensato y desagradecido!". No se reclamaba un derecho. Se recibía la bondad de ese benefactor en virtud de la generosidad y bondad del mismo.

Creemos que este es el modo en que los cristianos del primer siglo abordaban la sanidad. En Dios y en Jesucristo tenemos una provisión estupenda para la sanidad física, lo que fue demostrado por Jesús y todos sus seguidores. Confiamos en nuestro Padre celestial y en nuestro resucitado Señor y Salvador para que nos den sanidad. Y Les damos la gloria, no porque exigimos el derecho, sino debido a Su bondad y Su favor para con nosotros, Su misericordia y gracia. Esto encaja con el modelo de benefactor imperante en la cultura bíblica. Si fuera un derecho, entonces podríamos felicitarnos a nosotros mismos por hacer valer nuestro derecho, pero eso no sería verdadera fe. No sería verdadera confianza.

En tercera instancia, cuando tenemos un derecho a algo, podemos y debemos hacer valer ese derecho, pero hacer valer o exigir algo a lo que no tenemos derecho trae consigo un elemento de arrogancia. Ésa es una actitud que Dios resiste. Recuerde Proverbios 3:34,

Proverbios 15:25, y Proverbios 21:4. “Dios resiste al orgulloso”. Sí, la arrogancia es una actitud que Dios resiste. Cuando usted se acerca a la sanidad como un derecho y no como un regalo que Dios le da por Su misericordia y gracia debido a que Él es bondad, usted trae consigo un elemento de arrogancia. Eso está afectando su actitud, que definitivamente afecta su confianza y su seguridad en Dios. Su confianza estaría puesta, entonces, en el derecho y no en el Dador.

Considere por un minuto que cuando los santos del Antiguo Testamento ofrecían un sacrificio a Dios, no tenían la absoluta certeza de que Dios fuese a concederles su pedido. De hecho, al contrario, la tensión de no saber si su sacrificio era aceptable en realidad generaba una actitud de humildad, que es algo que Dios requiere cuando Él da Su gracia. Aunque el sacrificio de Cristo hizo disponibles muchas cosas para nosotros, recibimos éstas por la confianza y la expectativa que depositamos en El Generoso, no haciendo valer nuestros derechos sino mostrando una humilde sumisión y confiando en Su benignidad, Su gracia, y Su misericordia para con nosotros. La diferencia de actitud es sutil, pero es la diferencia entre la fe bíblica y la presunción arrogante. Recuerde, Dios se opone al orgulloso pero da gracia al humilde (Sgo. 4: 6).

Hablando de nuestra actitud, quiero recordarles que Dios no es una máquina expendedora.

Oseas 6:6 (VRV)
Porque misericordia quiero yo, y no sacrificios; y conocimiento de Dios, más que holocaustos.

Los israelitas se aproximaban a Dios con una actitud de mera obediencia a los requisitos externos de la Ley en cuanto a sacrificios. Erróneamente se concentraban en el sacrificio, y no en el corazón. Dios no quiere solamente sacrificio; quiere una relación con nosotros. Cuando digo que Él no es una máquina expendedora, quiero decir que Él no hace transacciones con nosotros. Dios no nos da recetas.

Yo creo que el Señor me reveló esto hace tiempo cuando yo le oraba en busca de sanidad. Escuché la palabra “receta”, y a medida que oraba y meditaba sobre ello, le pregunté: "Señor, ¿qué es lo que me estás mostrando?". Es mi creencia que me dijo que Dios no nos da recetas. Dios no dice: "Sigue estos pasos y entonces conseguirás este resultado". ¿Por qué? Porque entonces usted se enfocaría en los pasos a seguir y no en Aquel que Le dio a usted esos pasos en primer lugar. Eso es lo que los judíos estaban haciendo. Se concentraban en la Ley en vez de concentrarse en el Dador de la Ley. Recuerde que en Romanos dice que ellos pensaban que eran justos por la Ley. Todo su foco estaba puesto en la Ley, y perdieron de vista al Dador de la Ley.

Dios nos da un amplio espacio dentro del cual movernos. Pero debemos desarrollar una relación con Él para saber qué hacer cada vez en particular. Dios no es una máquina expendedora que da recetas. No dice: “Haz A, B, C, D, y E”. Considere los Evangelios, vea todo el amplio ámbito en el que Jesucristo se movía, y fíjese en todas las diferentes maneras y en todos los métodos con los cuales ministraba sanidad. En una ocasión Jesús escupió y untó con lodo los ojos de un hombre. En otra, dijo: “Tus pecados te son perdonados”. Y en otra dijo: “Así sea”, y el hombre fue restaurado completamente. En el Antiguo Testamento un hombre se sumergió en el río siete veces y fue sanado la séptima vez, no la primera ni la sexta, sino la séptima. Eso no significa que toda persona que se sumerge en el río Jordán será sanada la séptima vez. ¿Por qué es esto así? Creo que es porque Dios no da recetas. No nos da un conjunto de pasos a seguir. Dios quiere una relación con nosotros, y nuestra actitud es lo más importante en esa relación: una actitud de humildad. Con esta actitud de humildad podemos mirar a Dios con admiración al ver Su bondad y Su gracia. Es una actitud de sumisión. Es una actitud de saber que Dios es todo amor y toda bondad, y no quiere nada más que el bien para nosotros. Hay una diferencia, pero es una importante diferencia, porque la sanidad no es un derecho que usted tiene, como para ir a Él y decirLe: "¡Exijo mi sanidad!". Eso es arrogante y orgulloso, y Dios resiste al orgulloso. Nuestro Padre desea una relación íntima con cada uno de Sus hijos. Él nos da con el propósito de bendecirnos y producir gozo y acción de gracias, y así desarrollar más confianza en Él como respuesta.

Hebreos 4:16
Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.

Yo ciertamente consideraría que los tiempos de enfermedad, dolencias, e incluso la muerte, son momentos de necesidad. Pues bien, podemos acercarnos al trono con confianza, pero es un trono de gracia, para que podamos obtener misericordia y encontrar esa gracia.

Quizás usted esté pensando: "Pero espere un minuto, a mí me enseñaron que era una promesa, y que podía reclamar esa promesa". A decir verdad, una de los versículos que me enseñaron fue 1 Pedro 2:24.

1 Pedro 2:24
Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados.

Específicamente, estoy haciendo referencia a la sección que dice: "Por sus [de Jesucristo] heridas ustedes han sido [tiempo pasado] sanados". Ahora bien, si usted así lo pensó se le genera un gran interrogante. Echemos un vistazo a eso por un segundo. Reclamar algo a lo que no tenemos derecho hoy en día puede causarnos error y por lo tanto llevarnos en la dirección equivocada.

¿Cómo explicamos 1 Pedro 2:24? ¿Hay alguna otra evidencia de que la sanidad es un regalo y no un derecho como estamos afirmando? Quiero recordarles que en 1 Pedro 2:24, Pedro cita a Isaías 53:5. Recuerde que éstos son versículos del Antiguo Testamento.

Isaías 53:5
Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y
gracias a sus heridas fuimos sanados.

En Isaías 53:5 vemos que se emplea el tiempo pasado "fuimos sanados". Recuerde que estamos hablando de santos, de israelitas del Antiguo Testamento, que estaban leyendo este pasaje en tiempo pasado, del mismo modo en que lo hacemos nosotros ahora. ¿Pero fueron sanados en realidad? Obviamente, su sanidad no era una realidad literal en el tiempo en que lo estaban leyendo, así que ¿qué está sucediendo aquí?

Isaías 53 está repleto de verbos, tanto en tiempo pasado como en tiempo presente. Describen los sufrimientos de Jesús 700 años antes de su aparición propiamente dicha. Isaías estaba hablando de un acontecimiento futuro. Nosotros ahora podemos mirar el tiempo pasado de ese acontecimiento, del mismo modo en que ellos lo veían como un acontecimiento futuro; pero aún así ellos leían el pasaje como si ya hubiese ocurrido. Esto se debe a que Dios está utilizando una figura de dicción llamada “pretérito profético”. John Schoenheit entrará en mucho más detalle sobre este versículo porque es algo que usted necesitará comprender muy bien.

Ahora bien, ¿cuándo ocurrirá en realidad esto? Es cierto que la sanidad física es una parte de lo que se hizo disponible por la expiación de Jesús por nuestro pecado y pecados, pero este versículo está específicamente hablando de la sanidad final y perfecta que Jesús ha garantizado que todos recibiremos en el Reino Milenario. No es correcto decir entonces que podemos reclamar o exigir algo que es un acontecimiento futuro. La sanidad completa a la que se refiere Isaías y la transformación de nuestros cuerpos son un hecho que todos podemos esperar con ansias para el futuro Reino Milenario.

La salud perfecta en ausencia de enfermedad o dolencias, no es algo que podemos manifestar hoy. Eso es obvio. Si lo que normalmente se enseña, que la sanidad es un derecho, fuera verdad, entonces la deberíamos ver en mayor grado, porque no creo que sea estrictamente un tema de que las personas "no están creyendo". Cuando hoy en día vemos sanidad, la vemos en las instancias en las que Dios intercede con Su misericordia y gracia. Recuerde que una de las manifestaciones del espíritu santo es llamada dones de sanidades, o dones para sanar enfermos. No es llamada “derecho suyo a la sanidad”; es llamada dones de sanidades. Es muy importante que esta manifestación sea llamada dones. A decir verdad es llamada dones de sanidades, o dones para sanar enfermos, en tres versículos:

1 Corintios 12:9
A otros, fe por medio del mismo Espíritu; a otros, y por ese mismo Espíritu, dones para sanar enfermos;

1 Corintios 12:28
En la iglesia Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego los que hacen milagros; después los que tienen dones para sanar enfermos, los que ayudan a otros, los que administran y los que hablan en diversas lenguas.

1 Corintios 12:30
¿Tienen todos dones para sanar enfermos? ¿Hablan todos en lenguas? ¿Acaso interpretan todos?

El primer ejemplo de sanidad registrado en la Iglesia del primer siglo fue cuando Pedro y Juan se acercaron al cojo en la puerta del templo llamado Hermosa.

Hechos 3:6
—No tengo plata ni oro —declaró Pedro—, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!

Pedro no dijo: “Hombre, ¡reclama tu sanidad y camina!". Debemos comprender la importancia de tener una actitud correcta de humildad. Recuerde, estábamos hablando de los factores que pueden incidir en la sanidad. El primero era nuestra actitud.


FACTOR 2: FE

¿Cuáles son algunos de los factores que influyen en la sanidad? La respuesta sencilla fue: la fe. Pues bien, la actitud es la precursora de la fe. Varios son los factores que inciden en la sanidad, pero la Escritura muestra que su fe, su confianza o certeza, es definitivamente la variable más importante.

a) La fe de la persona que busca sanidad es una de las maneras en que la fe se despliega.

Considere el siguiente versículo:

Lucas 8:48
—Hija, tu fe te ha sanado —le dijo Jesús [a la mujer con el asunto de sangre] —. Vete en paz.

¿Qué es fe? La palabra fe en la Biblia es la traducción del vocablo griego pistis, que significa confianza, certeza, o convicción. En gran parte de la Iglesia cristiana y de la sociedad, las personas tienden a pensar en la fe como una firme creencia en algo para lo cual no hay pruebas. Es algo místico, casi intangible. Cuando las personas religiosas no tienen prueba acerca de lo que creen, a menudo las escuchamos decir: "Usted sólo debe tener fe"; en otras palabras, es un tipo de creencia insensata. No es esto a lo que Jesús se estaba refiriendo en Mateo 9: 22, cuando dijo: "Cobra ánimo, hija, tu fe te ha sanado".

Mateo 9:22
Jesús se dio vuelta, la vio y le dijo: — ¡Ánimo, hija! Tu fe te ha sanado. Y la mujer quedó sana en aquel momento.

La fe es simplemente confianza, y la confianza no es una fuerza que hace algo por sí misma. En el versículo anterior, la palabra fe es puesta en reemplazo del objeto de la fe, o sea el Señor Jesucristo mismo, a quien la mujer había tocado en un acto de confianza, en un acto de fe. Ella confió en que tocando el borde del manto de Jesucristo, sería sanada. No fue ni el manto ni su fe las que la sanaron, sino que el poder de Dios que mora en Jesús la sanó debido a su confianza en Jesús. Su fe fue el activador que le permitió a ella apropiarse del poder sanador de Dios que moraba en Jesús. Jesús muy claramente indicó en numerosos ejemplos que la fe de la persona es la que hace posible (activa) la sanidad.

Mateo 15:28
— ¡Mujer, qué grande es tu fe! —contestó Jesús—. Que se cumpla lo que quieres. Y desde ese mismo momento quedó sana su hija.

Marcos 10:51 y 52
(51) — ¿Qué quieres que haga por ti? —le preguntó. —Rabí, quiero ver —respondió el ciego.
(52) —Puedes irte —le dijo Jesús—; tu fe te ha sanado. Al momento recobró la vista y empezó a seguir a Jesús por el camino.

Aunque no fue en realidad la fe en sí misma la que lo sanó, sino el poder de Dios residente en Jesús, la fe fue la llave que abrió la puerta para permitir que el poder que moraba en Jesús se activara. El hombre tenía gran convicción, confianza, y certeza en la capacidad de Jesucristo de hacerlo.

Lucas 17:15-19
(15) Uno de ellos, al verse ya sano, regresó alabando a Dios a grandes voces.
(16) Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante que era samaritano.
(17) — ¿Acaso no quedaron limpios los diez? —preguntó Jesús—. ¿Dónde están los otros nueve?
(18) ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero?
(19) Levántate y vete —le dijo al hombre—; tu fe te ha sanado.

Lucas 18:40-42
(40) Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando el ciego se acercó, le preguntó Jesús:
(41) —¿Qué quieres que haga por ti? —Señor, quiero ver.
(42) —¡Recibe la vista! —le dijo Jesús—. Tu fe te ha sanado.

b) La fe de quien ministra es otra de las maneras en que la fe se despliega.

En algunas circunstancias hay un ministro presente para orar o para ministrar sanidad al individuo que busca ayuda. Recuerde, primeramente es la persona que busca sanidad la que debe tener fe o confianza, y en segunda instancia, es quien ministra (en aquellos casos donde hay uno presente), quien debe tener fe. La fe es la variable más importante en la capacidad de Dios para moverse.

Una de las principales responsabilidades que una persona tiene cuando está ministrando a otra es ayudar a la fe de la persona que está pidiendo ayuda. Eso es lo que Jesús hizo en el siguiente registro:

Marcos 9:21-23
(21) — ¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? —le preguntó Jesús al padre. —Desde que era niño —contestó—.
(22) Muchas veces lo ha echado al fuego y al agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.
(23) — ¿Cómo que si puedo?

Hay un gran énfasis acá, en la palabra “si”. Jesús rápidamente hizo hincapié en ese modo de expresarse.

Marcos 9:23 y 24
(23) — ¿Cómo que si puedo? Para el que cree, todo es posible.
(24) — ¡Sí creo! —exclamó de inmediato el padre del muchacho—. ¡Ayúdame en mi poca fe!

Jesús vio que el problema no era el poder de Dios. El poder de Dios, el don de espíritu santo que moraba en Jesucristo, no era el problema. El poder de Dios que moraba a través del don de espíritu santo, en los discípulos, tampoco era el problema. El problema era la fe del hombre que estaba pidiendo ayuda. Jesús lo captó muy rápidamente cuando escuchó la palabra “si”, y en esto se concentró.

Los discípulos de Jesús habían sido incapaces de ayudar al hijo de este hombre, y cuando Jesús interrogó al padre se dio cuenta de que el problema estaba en la falta de fe, creencia, o confianza por parte del padre. La confrontación de Jesús al padre en esta área tuvo como resultado un aumento de la confianza del padre. Cuando esto ocurrió, entonces Jesús pudo moverse y sanar al hijo.

c) La manifestación de fe es otra de las maneras en que la fe se despliega.

Ésta es una de las manifestaciones del espíritu santo. En contraste con la fe corriente, la manifestación de fe es necesaria para llevar a cabo las tareas especiales que Dios, por revelación, nos pide hacer. Jesús dijo que una persona con fe podía decirle a un monte que se eche al mar y sería hecho.

Marcos 11: 23
Les aseguro que si alguno le dice a este monte: “Quítate de ahí y tírate al mar”, creyendo, sin abrigar la menor duda de que lo que dice sucederá, lo obtendrá.

Todos sabemos que no tenemos la capacidad, por nuestro propio poder humano, de mover un monte, así que hacer eso obviamente requiere del poder de Dios. Necesitamos que Dios nos haga disponible esa clase de milagro, dándonos primero la revelación para hacerlo. Una vez que Dios nos da esa revelación, entonces la fe que debemos tener para hacer el trabajo es llamada manifestación de fe. Muchas veces Dios da a quien ministra, la revelación en forma de mensaje de conocimiento o sabiduría. Dios revela a la persona que ministra, información, discernimiento, o conocimiento sobre la persona, y luego Le provee de instrucciones para aplicar ese conocimiento. La manifestación de fe se produce, entonces, cuando usted tiene la certeza o la certidumbre o la confianza, de que lo que Dios o el Señor Jesucristo le han revelado, ocurrirá al dar usted la orden.

Ordenar sanidad en ausencia de revelación es tan inefectivo como ordenar a un monte que se mueva cuando no se nos dijo que debíamos hacerlo. Si usted quiere ver cuán eficaz es esto, salga y mire un monte (si no hay montes en las cercanías, seguramente podrá ver algún edificio), y ordénele que se mueva. No se moverá a menos que Dios le haya dado revelación para hacerlo. Cuando Dios le da la revelación por medio de palabra de conocimiento o palabra de sabiduría, también le dará la manifestación de fe o la capacidad para llevarlo a cabo cuando usted lo ordene. Simplemente no ocurrirá sólo porque usted lo ordena o lo reclama. Solamente ocurre por el poder de Dios que se hace disponible cuando Él da la revelación para proceder.

d) La comunidad de fe es otra de las maneras en que la fe se despliega.

Recuerde que la fe es el factor o variable más importante para ver sanidad. ¿Ha oído usted hablar de algunos ministros cristianos que atraen grandes multitudes y ocurren muchas sanidades? ¿Sucede algo especial en estos eventos? Creo que a veces sí ocurre algo especial allí. Toda vez que varias personas se reúnen, este grupo mostrará lo que se conoce como “pensamiento grupal”. Usted podrá ver más fe en un grupo y menos en otro, lo cual puede tener un profundo impacto en la capacidad de Dios para moverse. Este efecto sociológico es lo que llamamos “el poder del contexto”, que dice que el comportamiento es una función del contexto social.

Jesús reconoció que la fe era contagiosa y que este "pensamiento grupal" podía causar que dicha fe aumentara o disminuyera. La comunidad de fe es definitivamente una variable muy importante en cómo la fe se despliega. Un gran ejemplo de la comunidad de fe se encuentra en Mateo 13. En este registro se puede ver cómo, en la ciudad de origen de Jesús (Nazaret), la comunidad de fe impactó negativamente en la capacidad de Jesús de demostrar el poder de Dios.

Mateo 13:54-58
(54) Al llegar a su tierra, comenzó a enseñar a la gente en la sinagoga. — ¿De dónde sacó éste tal sabiduría y tales poderes milagrosos? —decían maravillados—.
(55) ¿No es acaso el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María; y no son sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas?
(56) ¿No están con nosotros todas sus hermanas? ¿Así que de dónde sacó todas estas cosas?
(57) Y se escandalizaban a causa de él. Pero Jesús les dijo: —En todas partes se honra a un profeta, menos en su tierra y en su propia casa.
(58) Y por la incredulidad de ellos, no hizo [Jesús] allí muchos milagros.

El pensamiento grupal es contagioso. Puede ser poderoso tanto positiva como negativamente. Un ejemplo positivo de esto es lo que ocurrió en la Iglesia del primer siglo cuando ellos estaban "unánimes". Es decir que donde la gran unidad o la gran fe estaban presentes en la comunidad de creyentes, ocurrían cosas poderosas.

Hechos 5:12 [VRV]
Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.

Hechos 5:15 y 16 [VRV]
(15) Tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos.
(16) Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.

La palabra “unánimes” en el versículo 12 es el vocablo griego homothumadon, el cual literalmente significa tener una misma mente, una misma pasión. Es una expresión hermosa de la unidad y es similar al efecto de una orquesta completa compuesta por varios instrumentos musicales individuales que tocan en perfecta sincronización y armonía, sonando como una sola voz.

Recuerde, la fe es la mayor variable para la sanidad, así que todo lo que ocurra para incrementar la fe de una persona, aumenta el poder de Dios que se está evidenciando. Esto es lo que sucedía cuando ante el solo paso de la sombra de Pedro las personas se sanaban. ¿Una sombra tiene algo que es poderoso o milagroso? Por supuesto que no, una sombra no tiene poder. Era la gran comunidad de fe, su homothumadon, su unidad, su unanimidad. Las personas venían de todas las ciudades vecinas, a Jerusalén. Como puede ver, la fe es contagiosa, así que cuando ocurre una sanidad milagrosa como consecuencia de la fe de una persona, eso estimula un aumento en la fe de otros que están allí, lo cual resulta en más sanidad, lo cual incrementa aún más la fe.

Cuando Jesús fue a la casa de Jairo para ministrar a su hija, sacó a todos los lamentadores y escépticos fuera de la habitación.

Marcos 5: 22-24 y 35-43
(22) Llegó entonces uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se arrojó a sus pies,
(23) suplicándole con insistencia: —Mi hijita se está muriendo. Ven y pon tus manos sobre ella para que se sane y viva.
(24) Jesús se fue con él, y lo seguía una gran multitud, la cual lo apretujaba.
(35) Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegaron unos hombres de la casa de Jairo, jefe de la sinagoga, para decirle: —Tu hija ha muerto. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?
(36) Sin hacer caso de la noticia, Jesús le dijo al jefe de la sinagoga: —No tengas miedo; cree nada más.
(37) No dejó que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Jacobo y Juan, el hermano de Jacobo.
(38) Cuando llegaron a la casa del jefe de la sinagoga, Jesús notó el alboroto, y que la gente lloraba y daba grandes alaridos.
(39) Entró y les dijo: —¿Por qué tanto alboroto y llanto? La niña no está muerta sino dormida.
(40) Entonces empezaron a burlarse de él, pero él los sacó a todos, tomó consigo al padre y a la madre de la niña y a los discípulos que estaban con él, y entró adonde estaba la niña.
(41) La tomó de la mano y le dijo: —Talita cum (que significa: Niña, a ti te digo, ¡levántate!).
(42) La niña, que tenía doce años, se levantó en seguida y comenzó a andar. Ante este hecho todos se llenaron de asombro.
(43) Él dio órdenes estrictas de que nadie se enterara de lo ocurrido, y les mandó que le dieran de comer a la niña.

Cuando Jesús fue a ver a Jairo después de que él le habló sobre su hija enferma, Jesús sacó a todos los lamentadores y escépticos. ¿Por qué haría eso? Lo hizo porque la fe de la comunidad era muy negativa, tal como lo había sido en Nazaret donde lo habían cuestionado. Recuerde, nadie es profeta en su tierra.

Pedro hizo lo mismo en Hechos.

Hechos 9:36-40
(36) Había en Jope una discípula llamada Tabita (que traducido es Dorcas). Ésta se esmeraba en hacer buenas obras y en ayudar a los pobres.
(37) Sucedió que en esos días cayó enferma y murió. Pusieron el cadáver, después de lavarlo, en un cuarto de la planta alta.
(38) Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, al enterarse de que Pedro se encontraba en Lida, enviaron a dos hombres a rogarle: «¡Por favor, venga usted a Jope en seguida!»
(39) Sin demora, Pedro se fue con ellos, y cuando llegó lo llevaron al cuarto de arriba. Todas las viudas se presentaron, llorando y mostrándole las túnicas y otros vestidos que Dorcas había hecho cuando aún estaba con ellas.
(40) Pedro hizo que todos salieran del cuarto; luego se puso de rodillas y oró. Volviéndose hacia la muerta, dijo: «Tabita, levántate.» Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó.

Cuando Pedro levantó a Dorcas de los muertos, ¿qué hizo? Pedro sacó a la multitud. La duda y la incredulidad de la multitud podrían haber tenido un impacto negativo en su fe.

Cuando usted le está ministrando a alguien, debe hablarle a la fe de la persona que viene a usted. Dios le mostrará si esa persona no tiene fe. Y Él le mostrará qué decir, qué hablar, para poder ayudar a esa persona en su área de fe. Usted como ministro debe tener esa fe. Lo que Dios le revela y le muestra a usted, Él lo energizará a través de la manifestación de fe. Pero también hay una comunidad de fe. La relación que Dios diseñó entre Él y la humanidad, es reciproca. O sea que cada persona desempeña un papel en cuanto a lograr la conexión necesaria por medio de la cual Dios suministra lo que necesitamos. Dios quiere una relación. Fe, o sea confianza, es la cosa más sencilla que Dios pueda requerir del hombre. Es primordial; la confianza es la base de toda relación. La Escritura muestra que una vez que la fe accede al poder de Dios, esa fe lo pone a usted en una posición de recibir lo que Dios desea darle.

Los siguientes versículos muestran que la fe es el elemento humano principal en la ecuación de sanidad:

Hechos 14: 9 y 10
(9) escuchando a Pablo, quien al reparar en él y ver que tenía fe para ser sanado,
(10) le ordenó con voz fuerte: —¡Ponte en pie y enderézate! El hombre dio un salto y empezó a caminar.

Este hombre estaba escuchando a Pablo hablar. Pablo, al observarlo atentamente, vio que tenía fe para ser sanado. ¿Se puede ver la fe? No, no se puede. Pablo la percibió espiritualmente. Dios o el Señor Jesucristo dieron la revelación a Pablo. Pablo percibió espiritualmente que este hombre tenía la fe para ser sanado. La manifestación de fe por parte de Pablo fue que habló con voz fuerte: "Ponte en pie y enderézate". Y el hombre saltó y caminó.

Ni Dios ni el Señor Jesucristo han cambiado desde el día en que este hombre lisiado caminó. La fe sigue siendo el requisito principal que debemos tener por nuestra parte para poder recibir las promesas de Dios.

Además de fe, ¿qué afecta nuestra capacidad para ser sanados? Pues bien, la fe es la variable principal, pero no es esa la única. Dios ha establecido muchas leyes físicas y espirituales, y Él espera que las conozcamos y las cumplamos. Cuando las quebrantamos, recibimos las consecuencias tan seguro como cuando nos lastimamos haciendo caso omiso de la ley de gravedad. Uno de esos factores es sembrar y cosechar.


FACTOR 3: SEMBRAR Y COSECHAR

Debemos tomar en consideración este principio. Sabemos científicamente que cuando uno fuma múltiples cajetillas de cigarrillos por día, existe una alta probabilidad de que se dañen su corazón, pulmones, garganta, sumado a muchos otros graves efectos y consecuencias. Si una persona se alimenta mayormente de comida chatarra y bebe gaseosas en lugar de agua fresca y limpia, consume cafeína o alcohol en exceso, y no duerme lo suficiente, estará propenso a alguna calamidad física. El hecho es que está cosechando semillas de deterioro físico porque eso es lo que está sembrando.

Éste es un principio que Dios ha establecido, y no puede ser ignorado. Sembrar de este modo, en una forma negativa, y luego clamar a Dios, es burlarse de Él. Recuerde: De Dios nadie se burla (Gá. 6:7). Éste es definitivamente un factor que usted debe considerar. Dios nos dice qué hacer. Lo ignoramos, y luego Lo llamamos para que arregle las cosas. Luego nos preguntamos por qué persiste el problema. Es porque usted va en contra de un principio de Dios.

No estoy diciendo "avergüéncese o siéntase culpable al respecto". Porque somos todos culpables de esto hasta cierto punto. Aún si quisiéramos, nos sería imposible evitar la corrupción y la contaminación de nuestros alimentos. Nuestras carnes son tratadas con antibióticos u hormonas de crecimiento. Hemos escuchado historias de mercurio en el pescado, y de frutas y vegetales genéticamente modificados. El hecho es que existe un principio espiritual que Dios ha establecido tanto en el reino físico como en el reino espiritual llamado “sembrar y cosechar”. Ha dado pautas de sanidad alimentaria. Dejó establecidas muchas de ellas en Levítico, pero nos burlamos de Dios con nuestro comportamiento desobediente cuando hacemos caso omiso de estas cosas, cosas que sabemos que deberíamos hacer a favor de nuestra salud. Para que Dios pase por alto este tipo de burla, la sanidad sólo puede llegar por Su misericordia y Su gracia.


FACTOR 4: ADMINISTRACIÓN

Otro elemento a considerar es el principio de administración. Estamos hablando de variables que inciden en la sanidad. Así como un mayordomo administra responsablemente los bienes de su amo, así también Dios requiere de nosotros que cuidemos de aquellas cosas que Él nos ha dado. Esto no sólo es aplicable a pertenencias materiales sino, ciertamente, a nuestros cuerpos también.

1 Corintios 3:16 y 17
(16) ¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?
(17) Si alguno destruye el templo de Dios, él mismo será destruido por Dios; porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo.

Cuando descaradamente infringimos los principios de Dios, limitamos Su capacidad de ayudarnos. Considere una persona que come en exceso y que se pasa el día en el sofá. No sería ninguna sorpresa que tenga sobrepeso, hipertensión, diabetes adulta, y que experimente dolor de rodillas y de articulaciones producto del peso excesivo. ¿Cuán sensato es entonces apelar a Dios y pedirLe que sus rodillas sean completamente sanadas? Usar sabiduría es el requisito para caminar con Dios. Él requiere que usemos sabiduría, de lo contrario habrá consecuencias.

Proverbios 4:6
No abandones nunca a la sabiduría, y ella te protegerá; ámala, y ella te cuidará.

Esto no significa que Dios no sanará o que no sea ese su deseo. Después de todo, Dios es Dios, pero ¿cuán sensato está siendo usted, si al considerar el origen del problema (que está totalmente bajo nuestro propio control), comprueba que todavía sigue allí? Si usted ha sido un holgazán o ha estado tratando a su cuerpo incorrectamente y ahora está cosechando las consecuencias, ¿está siendo usted realista? Porque el problema todavía existe. Dios puede sanar las rodillas, pero el problema regresará porque su estilo de vida no ha cambiado. Estoy pensando en la frase "Dios ayuda a quien se ayuda". Pienso que esto puede aplicarse a este tipo de ejemplo.

¿Usted tiene que ser perfecto para recibir sanidad? Absolutamente no, ninguno de nosotros es perfecto, ni nunca lo seremos. No tenemos que ser perfectos para recibir sanidad, pero tenemos una obligación y una responsabilidad de ser buenos administradores y hacer lo mejor que podemos. Después de todo, si ser perfecto fuera el requisito, nadie podría sanarse jamás. Y si Dios sanara a una persona que está cosechando lo que siembra, infringiendo las responsabilidades de administración, y burlándose de Dios a través de su comportamiento, entonces Dios se estaría negando a Sí Mismo. Repito, toda sanidad es claramente por Su misericordia y Su gracia porque nosotros no la merecemos en absoluto.

Sección 2
¿Qué es sanidad?

Esto me lleva a la próxima sección de esta enseñanza. ¿Qué es sanidad? Sanidad por definición significa restaurar el cuerpo a un estado sano. En esta sección, quiero abordar cuatro niveles en los que ocurre la sanidad. Muchas veces la sanidad involucra una o todas estas cuatro categorías interrelacionadas.


Categoría Nº 1: Sanidad física:
esto es muy fácil de comprender porque, por supuesto, todos experimentamos deterioro físico cuando estamos enfermos y tenemos dolencias. La manera más sencilla de pensar en lo físico es cuando se presenta una lesión o un trauma. Cuando se fractura un hueso, sanar es bastante sencillo en el sentido de que sólo se requiere volver a soldar el hueso. Otro tipo de deterioro físico se presenta cuando una enfermedad es el resultado del funcionamiento defectuoso de uno de los muchos sistemas múltiples del cuerpo. Nuestros cuerpos cuentan con innumerables y complejos sistemas fisiológicos, y el deterioro físico puede ocurrir por muchas razones orgánicas o ambientales. Por ejemplo: el mal funcionamiento en los sistemas circulatorio, respiratorio, linfático, nervioso, u hormonal, puede provocar graves enfermedades. Esto puede ocurrir debido a deficiencias nutricionales, infecciones virales o bacterianas, herencia genética, o factores ambientales, de tal manera que la enfermedad puede ser, simplemente, el resultado de condiciones físicas. En este caso, sanar es sencillo en el sentido de que usted simplemente le habla al problema físico.

A modo de ejemplo, en una ocasión mi esposa Lori y yo estábamos subiendo un tocador grande por las escaleras. Debido al apuro impropio de mi parte, empujé cuando su pie estaba apoyado en uno de los escalones. Empujé con muchísima fuerza y el tocador pegó justo en su tobillo. Inmediatamente gritó de dolor, y se cayó. Corrí el tocador a un lado, y Lori dijo: "Cariño, mi tobillo está fracturado". Sin siquiera pensarlo, hablé; fue un hablar inspirado. Dije: "Tobillo, sánate en el nombre de Jesucristo". Inmediatamente algo ocurrió. Lori se levantó, y se puso a saltar sobre su tobillo, diciendo: “¡Cariño, ha sanado; ha sanado!”. Es este un ejemplo en el que podemos ver cómo lo único que se necesitó fue hablarle a la causa física. No fue necesario hacer nada más. Ocurrió; sólo hablé, y ella fue sanada.


Categoría Nº 2: Sanidad emocional:
esta segunda área es lo que llamo el área de las emociones. Recuerde, éstas son categorías interrelacionadas. Nuestra salud está enormemente influenciada por nuestras emociones. La ciencia moderna hace mucho tiempo que corroboró conexiones psicosomáticas, o sea, conexiones entre mente y cuerpo. Salomón escribió lo siguiente hace miles de años, en Proverbios 14:30:

Proverbios 14: 30
El corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos.

La envidia es una emoción. Vea en el versículo la relación que hay entre una emoción y el deterioro físico. La médula está en los huesos y genera los glóbulos rojos y blancos. Esto es lo que permite que el cuerpo tenga vida y que tenga mecanismos de defensa contra los invasores.

Proverbios 15: 13
El corazón alegre se refleja en el rostro, el corazón dolido deprime el espíritu.

Su cuerpo es la realidad viviente de todo lo que usted es. Todo lo que usted experimenta le llega no solo a su cerebro, sino a todo su ser. Lo que quiero remarcar aquí es que cuando aparece la enfermedad, o la dolencia, o el deterioro físico, el hablarle solamente al deterioro físico puede no resultar en sanidad, porque puede existir una barrera emocional detrás que esté causando ese estado físico. ¿Qué es un corazón alegre en Proverbios 15:13? Es gozo, es felicidad; o sea, es una emoción.

Proverbios 15: 30 (VRV)
La luz de los ojos alegra el corazón, y una buena noticia nutre los huesos.

Éstas son interacciones emocionales con el cuerpo.

Proverbios 16: 24
Panal de miel son las palabras amables: endulzan la vida y dan salud al cuerpo.

Así como estas interacciones pueden traer resultados positivos, sabemos que también pueden tener resultados negativos. Esto ha sido documentado científicamente.

Proverbios 17: 22 (VRV)
El corazón alegre trae sanidad, pero un espíritu abatido seca los huesos.

¿Puede ver aquí la relación entre las emociones y la enfermedad? La comunidad médica ha documentado esta conexión entre mente y cuerpo con muchas enfermedades. Por ejemplo, el estrés a largo plazo que no ha sido tratado ha sido vinculado a problemas cardíacos y vasculares, problemas gastrointestinales, dolores de cabeza, afecciones de la piel, problemas pulmonares y respiratorios, etc., etc. Si una persona sigue acumulando emociones tóxicas año tras año, llegará el día en que esas emociones tapadas aflorarán como algún tipo de enfermedad o dolencia. Nunca fuimos diseñados para vivir en un estado de estrés descontrolado, rencores, amargura, vergüenza, culpa, miedos profundamente arraigados, rabia, y odio. Estas emociones tienen consecuencias debilitantes sobre el cuerpo. Y deben ser tenidas en cuenta, muchas veces, para llegar a la sanidad completa. Podemos ver el cuerpo físicamente deteriorado, pero lo que no vemos es que llegó a ese estado debido a emociones nocivas. En muchos casos la sanidad a largo plazo no puede ocurrir hasta que ese estado emocional sea resuelto. [Para estudio adicional lea Healthily Processing Anger (Cómo procesar el enojo de manera sana), en inglés.]

Me viene a la memoria la vez en que se me acercó una persona que padecía de un intenso dolor de espalda y había estado así durante bastante tiempo. Me preguntó si podía orar por él. Cuando comencé a orar, vi. un bulto sobre sus hombros. Era una sutil imagen en mi mente. Supe que el Señor me estaba diciendo que esta persona estaba llevando una carga. Obviamente, no había ninguna carga (literalmente hablando) sobre los hombros de esta persona, sino que era una carga emotiva. Cuando comencé a ministrar y hablarle a la persona, simplemente oré; sin embargo, lo que recibí del Señor fue que orara por una carga emocional. Entonces oré para que la carga fuera quitada de sus hombros, que la carga emocional desapareciera. La persona comenzó a llorar. Yo podía ver que el Señor me estaba revelando el origen de este problema. Pedí al Señor que quite la carga de sus hombros y que ayude con el yugo y que esta persona pudiera confiar y pusiera estas cargas sobre el Señor, porque el Señor ciertamente quería cuidarlo de ese modo. Cuando eso ocurrió, recibí revelación en ese momento (que fue sólo un conocimiento) y le hablé a la espalda y dije: "Espalda, sé sanada en el nombre de Jesucristo". No supe en ese momento que fue sanado instantáneamente, porque esta persona no me lo dijo sino hasta meses después, cuando expresó: "Nunca le dije, pero cuando usted oró por mí, fui sanado en ese momento".

Existen numerosos ejemplos en los que una persona pide ser sanada y lo que en realidad debe tratarse es su estado emocional antes que el físico. Ha habido casos en los que la vergüenza, la culpa, el odio a uno mismo, y el auto rechazo, provocaron enfermedades auto-inmunes, problemas intestinales, y ansiedad. Como he dicho, las cargas emocionales pueden causar problemas de espalda y hombros, y dolores de cabeza. Éstos son los problemas emocionales. Debemos ministrar a esta categoría de sanidad para que el cuerpo se pueda sanar.


Categoría Nº 3: Sanidad espiritual:
el tercer nivel que tenemos que abordar es la sanidad espiritual. Habrá momentos en los cuales deberemos tratar con la presencia de espíritus malignos. Hay muchos relatos bíblicos donde se ve que la dolencia física fue causada por los demonios. En tales casos, el demonio debe ser echado fuera del cuerpo antes de que éste pueda ser sanado completamente. A veces, solamente esto es suficiente. Otras veces, la persona puede, además, necesitar sanidad restauradora para luego reparar el daño que los espíritus han causado. Podemos ver ejemplos de esto en la Escritura, donde la sanidad llevada a cabo por Jesús estaba muy estrechamente relacionada con el echar fuera espíritus demoníacos.

Mateo 4:23 y 24
(23) Jesús recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y dolencia entre la gente.
(24) Su fama se extendió por toda Siria, y le llevaban todos los que padecían de diversas enfermedades, los que sufrían de dolores graves, los endemoniados, los epilépticos y los paralíticos, y él [Jesús] los sanaba.

Vea que en el versículo 24 se habla de varias enfermedades, dolores graves, epilépticos, y paralíticos. Justo en medio de estos se sitúa a los endemoniados. Creo que en esta sección de la Escritura se puede ver una conexión directa entre la enfermedad y aquellos que sufren dolor, ataques, parálisis, y la presencia de esos espíritus malignos o demoníacos. Muchas veces los espíritus demoníacos están detrás de la ceguera, la sordera, la mudez, y la cojera. También existen los espíritus de achaques. Hay muchos tipos diferentes de espíritus: espíritus de artritis, espíritus de dolor, espíritus de lesiones. Los espíritus pueden entrar a través del rechazo y causar que el cuerpo se enferme.

Recuerde, el odio por uno mismo, la falta de perdón, y la amargura, todos deben ser abordados para que la persona pueda ser sanada a nivel emocional, y que los espíritus puedan ser expulsados de ésta. [Para estudio adicional lea Auto- conversación.]

Mateo 12:22
Un día le llevaron un endemoniado que estaba ciego y mudo, y Jesús lo sanó, de modo que pudo ver y hablar.

Este hombre es ciego y mudo. Dice claramente que está endemoniado, y Jesús lo sanó. ¿Qué hizo? Los versículos que le siguen dicen que Jesús echó fuera el demonio para que el hombre pudiera hablar y ver. Espere un minuto. Es ciego y mudo, y esto está conectado con estar endemoniado. ¿Y que hace Jesús? Jesús lo sana. ¿Cómo lo sana Jesús? Se dirige a ese demonio. Esta es la tercera categoría que debe ser comprendida, el área de la interferencia que los demonios pueden causar en la sanidad.


Categoría Nº 4: Sanidad moral: la cuarta categoría es un área que yo llamo de moralidad. Debemos reconocer la influencia que tiene lo moral sobre la sanidad. Aquello con lo que una persona alimenta su mente es crucial para el estado del cuerpo de esa persona. Satanás, el dios de este mundo, está inundando nuestras vidas con exceso de violencia, inmoralidad, y falta de principios bíblicos en las películas, la música, la radio, la televisión, y las revistas. La pornografía está en todas partes. Existe una precisa interrelación entre estas cuatro categorías: la física, la emocional/mental, la espiritual, y la moral.

Considere el caso de un alcohólico. La persona bebe en exceso. Esto es un pecado. Es un incumplimiento de la amonestación moral de Dios.

Efesios 5:18
No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu.

Ahora bien, este individuo tal vez comenzó a beber alcohol para atenuar algún tipo de dolor emocional. Recuerde, aquí hay una barrera emocional. El darse al alcohol por un periodo de tiempo posiblemente podría abrirle la puerta a un espíritu demoníaco, algún tipo de espíritu adictivo, un espíritu alcohólico. La persona ahora está manifestando los resultados físicos de un hígado dañado y otras consecuencias en su cuerpo. La sanidad, en este caso, requiere arrepentimiento del pecado, liberarse de emociones tóxicas, echar fuera al espíritu maligno y la restauración del cuerpo físico, sus órganos, etc. En medio de tal implacable asalto a nuestra moralidad, tenemos una simple exhortación en el siguiente versículo:

Filipenses 4:8
Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio.

Así es como uno cultiva el fruto del espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio.

Gálatas 5:22 y 23 (VRV)
(22) Pero el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, [fidelidad]
(23) mansedumbre y dominio propio. Contra tales cosas no hay ley,

Tener estas cualidades en nuestras vidas requiere trabajo, pero son vitales para combatir la agresión interminable con la que la sociedad acribilla nuestro carácter. [Para estudio adicional lea Despreocupado: pensamiento fructífero, pensamiento no fructífero.]

La Escritura da testimonio de que Dios ha sanado a las personas. La sanidad es siempre la voluntad de Dios, pero algunas cosas tendrán que esperar hasta que el Señor Jesucristo venga y nos saque de este mundo, y nos dé un nuevo y flamante cuerpo glorioso. Dios no puede, o al menos es mayormente inconcebible, ir contra el proceso de envejecimiento que fue adquirido a partir del pecado original.

Hace algunos meses, un amigo me llamó y me pidió que ministrara a uno de sus padres. Amaba a su padre, el cual estaba padeciendo los efectos de la senilidad provocada por el proceso de envejecimiento. Cuando me puse a orar por la persona, vi un puente de concreto sobre un arroyo, roto y desplomado. Supe inmediatamente que el Señor me estaba revelando que éste era un puente que no podía ser cruzado otra vez. ¿Era la voluntad de Dios sanar? Por supuesto que sí, pero algunas cosas simplemente tendrán que esperar el retorno de Jesucristo.

Mi padre acaba de fallecer a sus 84 años. Sé que la muerte no era la voluntad de Dios, pero simplemente no era posible administrarle sanidad. Era muy mayor, y había vivido una vida plena. Ese puente no podía ser cruzado otra vez.

La Escritura también da testimonio de que Dios ha sanado a personas que no reunían las condiciones. Debemos reconocer que la soberanía de Dios Le permite hacerlo, pero debemos ser cuidadosos de no dejar que la excepción sea la regla. No nos atrevamos a encasillar a Dios dentro de una “caja” de nuestro propio entendimiento humano. Ni nos atrevamos a intentar agrandar esa caja, la cual es de Su propia elaboración.

Recuerde, la fe es la variable más importante, y eso es lo que queremos enfatizar aquí. Debemos tener la actitud correcta. Según cómo sembremos y cosechemos, así también se verá afectada nuestra fe. Queremos ser administradores, y queremos hacer nuestro mejor esfuerzo con lo que tenemos. Espero que hayan podido ver que la sanidad no es algo solamente físico; también involucra lo mental en lo que respecta a las barreras emocionales, espirituales, y morales que pueden presentarse en el proceso de sanidad. Cuando hablo de moralidad, recuerdo el versículo en el que Jesús dijo al paralítico: "Tus pecados te son perdonados". Luego le ordenó levantarse y caminar. Jesús estaba hablándole a la condición moral del corazón, y eso liberó la carga emocional de la culpa y la vergüenza de la persona que había estado pecando, ya que lo moral definitivamente era una barrera para su sanidad.

Para finalizar, quiero recordarle que la fe es indudablemente la variable más importante, pero no olvide que hay un amplio rango dentro del cual Dios se mueve. He oído de casos en los que las personas oraron por alguien que ni siquiera había aceptado al Señor Jesucristo, y esa persona fue sanada. Posteriormente aceptaron al Señor, pero creo que esto ocurre en ocasiones debido a los planes y propósitos de Dios, que son otras de las variables que debemos comprender. Éstos son los planes y propósitos de Dios. Ésta es Su caja, la que Él hizo, y existen muchas variables por las cuales puede llegar la sanidad. A una persona se le untó lodo en los ojos y fue sanada. Otra persona se sumergió siete veces en un río y fue sanada. Otra oró a solas y fue sanada a solas. Otra persona va a quien le ministre, y ese ministro ora y sana. A veces, la sanidad ocurrirá al echar fuera un espíritu maligno, y en otra ocasión la sanidad ocurre al hablarle a una emoción. Otras veces, la sanidad acontece al hablarle específicamente a la realidad física de un hueso fracturado o a algo de esa naturaleza. Otras veces, la sanidad ocurre en un plano moral donde la persona debe arrepentirse del pecado, y eso debe ser confrontado para que luego la persona pueda sanarse.

Dios es amor, y Dios desea la sanidad. El otro día un íntimo amigo me preguntó: "Dan, ¿estás diciendo que no hay una promesa específica de sanidad?". Lo que yo estoy diciendo es que existe una promesa de sanidad para nosotros, pero no es un derecho ni algo que podemos reclamar. Es una promesa implícita; no es explícita. Está implícita en el sentido de que Dios es amor. Dios es bueno. Dios siempre quiere cuidarnos. Él no es una máquina expendedora y no da recetas específicas. No quiere tener una relación con usted siguiendo los pasos uno, dos, tres, cuatro, o una relación con la Ley, como tenían los israelitas.

Dios quiere una relación con nosotros como un Padre con sus hijos, como un benefactor con sus siervos, basada en Su amor, Su bondad, Su grandeza, Su misericordia, y Su gracia. Que sea Él glorificado, y eso es siempre lo que ocurre cuando nos acercamos a la sanidad con fe y con la actitud correcta.

¡Dios lo bendiga!

 

Para estudio adicional sobre este tema crucial, por favor lea la trascripción de nuestra cinta/CD del mes de Junio 2006, Understanding Healing in its Biblical Context (Cómo comprender la sanidad en su contexto biblico) por John Schoenheit (en inglés).

(traducción de Daniel de Oliveira y Pablo Pereyra)


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