Un muy importante propósito del Reino Milenario es completar las aún inconclusas promesas que Dios le hizo a Israel. De hecho, todo pacto incondicional que Dios hizo con Abraham e Israel será cumplido en el Reino Milenario. Sin este período de tiempo futuro, muchas de las promesas de Dios caerían a tierra. Por ejemplo, la tierra que Él prometió a Abraham se extendía desde el río Éufrates, al este, hasta el “río de Egipto”, al oeste, pero Israel nunca ocupó toda la tierra que Dios le prometió, ni siquiera en el apogeo de las conquistas de Josué, ni en el gobierno de Salomón. En el futuro lo hará.
Otro propósito del Reino Milenario es demostrar definitivamente que incluso con Satanás atado, Cristo gobernando la Tierra, y millones de creyentes viviendo allí en sus nuevos cuerpos, la naturaleza no regenerada del hombre siempre lo hará susceptible al engaño, la falta de agradecimiento y la rebelión. La Escritura nos dice que tan pronto como Satanás sea “desencarcelado,” será capaz de reunir un enorme ejército y liderar otra rebelión contra Dios y Cristo. A lo largo de toda la historia ha habido algunas personas que creyeron y otras que no. Esto no es debido a la abundancia o a la falta de ésta, a la salud o a la falta de ésta, a la educación o a la falta de ésta, ni a alguna otra circunstancia. Una de las cosas asombrosas que nos enseña la historia es que algunas personas toman la decisión de creer en Dios y algunas otras no. El Reino Milenario de Cristo será la máxima prueba de esto. Con salud, paz, prosperidad y justicia sobre toda la Tierra, algunas personas igualmente elegirán no creer. Ni una sola alma será capaz de pararse en el Juicio Final y decir que si sus circunstancias hubieran sido mejores, habría creído. Luego del Juicio Final la humanidad será completamente purificada para entrar en el Paraíso final, sin vulnerabilidad interna o externa al pecado.