P. Me enseñaron que un cristiano nunca debería dirigirse al Señor como “Jesús,” sino siempre como “Jesucristo,” “el Señor Jesús,” o algún otro título. He revisado la Biblia y parece que los únicos que se refieren a él directamente como “Jesús” son los demonios. Eso me pone aún más incómodo cada vez que escucho a alguien orando a “Jesús” o refiriéndose a él solamente como “Jesús.” Puesto que sé que muchos creyentes utilizan su nombre de esta manera ¿puede usted ayudarme a entender por qué yo debo o no debo hacer lo mismo?
R. Muchos de nosotros fuimos enseñados de esta manera, y todavía luchamos con las mismas sensaciones de malestar. Pero lo que nos ayudará es estudiar las muchas veces que a él se refieren como “Jesús” en las Epístolas a la Iglesia. El uso del nombre sin adorno de “Jesús” es particularmente significativo en Filipenses 2:10 donde vemos que toda rodilla debe doblarse en el nombre de Jesús, el mismo que comenzó como bebé pero que es ahora el Señor exaltado a lo sumo.
Esta enseñanza se originó probablemente de E.W. Bullinger, quien observó correctamente que en ninguna parte del Nuevo Testamento se lo llama sólo “Jesús” cuando sus seguidores le hablan directamente, pero que sí lo hacen sus enemigos (Juan 18:5,7; 19:19; Hechos 4:18; 5:40; 6:14; 26:9) y los demonios (Marcos. 1:24; 5:7), quienes se refieren a él como “Jesús” en discurso directo. Basándose en esto, algunos han concluido que sus seguidores nunca deben referirse a él como “Jesús,” ya sea en forma directa o de otra manera. Sin embargo, consideramos que esta enseñanza es muy poco práctica y además legalista. Hemos visto de primera mano la paranoia verbal que se puede generar entre los que se exponen a esta enseñanza. Se ponen incómodos aun pronunciando un verbalmente desnudo “Jesús” en cualquier contexto, y rápidamente deben vestirlo con uno de sus títulos: Cristo, Señor, etc.
No podemos imaginar que Jesús mismo desearía que sus hermanos y hermanas se sintieran incómodos cada vez que dicen su nombre sin ningún adorno. En primer lugar, no hay una imposición bíblica contra este uso del nombre “Jesús.” Este es, después de todo, su nombre, el que Dios le dio, a diferencia de un título o de un apelativo. En segundo lugar, el resucitado y glorificado Señor se identificó a sí mismo como “Jesús” cuando apareció a Pablo en Hechos 9:5 (suponemos que él lo hizo porque continúa siendo su nombre). El ángel en su ascensión se refirió a él como “Jesús,” y Pedro utiliza su nombre primario tres veces en su sermón en Pentecostés (Hechos 2:22, 32, 36). Los discípulos se refieren a “Jesús” cuando oran a Dios en Hechos 4:27 y 30 (y ellos no fueron alcanzados por un rayo). Finalmente, Pablo usa "Jesús" sin adorno en todas sus epístolas con una precisión y un poder acorde con el hecho de ser un hombre santo que fue inspirado a escribir la Santa Escritura (véase 2 Co 4:11; Efesios 4:21; 1 Tes. 1:10; 4:14). Habiendo aclarado esto, todo lo que puedo decir es: Alabado sea JESÚS! ¡Gracias, JESÚS! ¡Te amamos, JESÚS!
Si sus seguidores no lo llamaron “Jesús” directamente ¿cómo lo llamaron? El término más común era “señor,” un título de respeto por lo menos equivalente a “Sir,” pero con un significado que se extendía de “Sir” a “maestro” o “dueño”. A veces se lo llamaba “Rabí”, sobre todo en Juan (8 veces), un título que era profundamente deseado por los fariseos (Mateo 23:7), y equivalente a “Maestro.” Dentro de este contexto de arrogancia de parte de los fariseos, Jesús enseñó a sus discípulos sobre el uso de títulos para exaltación personal.
Él expresamente los desalentó a referirse a ellos mismos como “Rabí”, porque eran todos hermanos, y tenían solamente un “Maestro,” es decir él. En ese mismo contexto, él también prohibió el uso de los títulos “Padre,” porque hay solamente un padre (nuestro Padre celestial), y “maestro” (con minúscula), porque él era su único Maestro. Este último título (gr. kathegetes) nunca fue utilizado acerca de él, y puesto que éste es el único uso de esta palabra en el Nuevo Testamento, no podemos estar seguros exactamente de la manera en que Jesús lo utilizó puesto que tiene una amplia gama de usos seculares. Aunque desalentó el uso de títulos para ellos, identificándose él mismo como su Maestro, Jesús no pareció esperar que ellos se refirieran a él como tal. Ellos continuaron refiriéndose a él sobre todo como Kurios, y él nunca intentó corregirlos. El fondo de esta discusión sobre títulos, sin embargo, es que no deberían ser utilizados para exaltación personal. La humildad debe ser la marca de los seguidores de Cristo (Mateo 23:8-10).