Una vez que entendemos que la fe es confianza, estaremos en posición de comprender cómo es que funciona la fe y de entender los pasajes bíblicos que usan “fe”. Para comprender cómo funciona la fe, hablaremos primero acerca del mundo físico y luego acerca del mundo espiritual.
Digamos que conozco a alguien hoy. ¿Puedo tener fe (confianza) en esa persona? No, no aún. Podría tener algo así como un muy buen sentimiento acerca de esa persona y pensar que puedo confiar en ella, pero aún no hay verdadera confianza. Las relaciones no comienzan con fe (confianza), comienzan con un cierto grado de riesgo. Por ejemplo, supongamos que me mudo a una nueva ciudad y necesito llevar mi auto a un mecánico. Yo no comienzo teniendo fe (confianza) en los mecánicos de la ciudad, pero pregunto en los alrededores. Unos amigos me dan el nombre de un mecánico y me dicen que es honesto, cobra lo justo y hace bien su trabajo. El testimonio de mis amigos me da suficiente fe (confianza) como para que le lleve mi auto, pero aún no tengo un gran nivel de confianza porque aún no he interactuado con el mecánico ni he intentado manejar mi auto luego de que él trabaje sobre éste. Aún así, yo necesito que revise mi auto y me arriesgo. Si el mecánico hace lo que dice que hará y repara mi auto, mi fe (confianza) en él crece. Con el tiempo mi confianza seguirá creciendo hasta que pueda decir que realmente confío en él. Tener una relación con alguien durante cierto tiempo es el único modo de edificar genuina fe (confianza).
Otra cosa que hay que entender con respecto a la fe (confianza) es que no es “general” sino específica a ciertas áreas. Por ejemplo, yo puedo descubrir que mi mecánico hace un gran trabajo reparando mi auto, pero acepta más trabajo del puede cumplir y nunca me lo entrega en la fecha prometida. Entonces, si mi auto se descompuso justo antes de un viaje, aún cuando confío en que él lo reparará, yo no lo llevaré a él porque no puedo confiar en que me lo entregará a tiempo.
Si yo no confío en una persona puedo preguntarme por qué. ¿Es porque no he podido conocerla lo suficiente o porque no ha demostrado ser confiable? O quizá no la conozca personalmente, pero he escuchado cosas acerca de esta persona que me hacen desconfiar. Todo esto incide en lo que es fe (confianza) y es también un factor determinante de nuestra fe (confianza) en Dios.
Por eso, si sientes que no confías en Dios, pregúntate por qué. Tal vez sea porque en realidad no conoces a Dios. Recuerda que conocer a alguien requiere tiempo. Cuando Jesús se asombró por la falta de fe (confianza) de sus discípulos, les dijo: ...¿todavía no tienen fe?” (Marcos 4:40b). La palabra a la que debemos prestar atención es “todavía”. Jesús no pedía a las personas que tuvieran fe en él no bien las conocía por primera vez, pero los discípulos habían estado con él por meses, y lo vieron hacer milagro tras milagro. Jesús se maravilló de que ellos no hubieran edificado más confianza en él durante ese tiempo.
Edificamos confianza en Dios edificando nuestra relación con Dios. Si bien algunas personas tienen encuentros personales con Dios, Su Hijo o un ángel, es más frecuente tener un encuentro con Dios cuando Él está obrando en nuestros corazones, por medio de la oración y recibiendo revelación de Él. Una de las formas más significativas de encontrar a Dios es en Su Palabra. Leer, adquirir entendimiento, y aplicar lo escrito en la Biblia es una clave importante para desarrollar la confianza en Dios. Pasar un tiempo diario en orar y hablarle a Dios también edifica la confianza. Del mismo modo, la obediencia ocupa un rol extremadamente importante. Jesús dijo: “El que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios reconocerá si mi enseñanza proviene de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta”. (Juan 7:17)
Dios quiere que todos tengan una relación amorosa y llena de fe con Él. Él sabe que si cumplimos nuestra parte y entablamos una relación con Él, Él obrará en nosotros y nuestra fe crecerá. Esa es una de las razones por la cual la Biblia dice “...busquen primeramente el reino de Dios...” (Mateo 6:33a). Es erróneo pensar que podríamos tener mucha fe (confianza) en Dios sin tener una relación íntima con Él. Nuestras relaciones personales no funcionan así ni tampoco funcionará así nuestra relación con Dios. Como Padre celestial Dios es un Dios muy personal.
Si Le obedecemos y hacemos el trabajo que Él tiene para nosotros, pasando tiempo con Él en oración, en estudiar la Biblia, en meditarla, y en comunión con otros cristianos comprometidos, nuestra fe crecerá.